Las estadísticas sobre los casos que ingresan a los juzgados penales juveniles revelan un incremento en la participación de menores de edad en la venta, el transporte y la tenencia de drogas.
De acuerdo con datos del Poder Judicial, entre enero del 2021 y diciembre del 2025 ingresaron a estos despachos judiciales 1.144 expedientes por estos delitos: 291 por tenencia, 219 por transporte y 634 por venta.
En ese mismo periodo, el delito de tenencia de drogas pasó de registrar 20 casos en el 2021 a 91 en el 2025. Entre enero y mayo de este año se reportaron 37 casos. En cuanto al transporte, los juzgados recibieron 29 expedientes en el 2021, mientras que el 2025 cerró con 50. Solo en los primeros cinco meses de este año ingresaron 29.
El delito que muestra el incremento más significativo es la venta de drogas, que pasó de 56 casos en el 2021 a 179 en el 2025. Hasta mayo de este año habían ingresado 89 expedientes.
Consultada sobre estas cifras, la presidenta de la Corte Suprema de Justicia, Patricia Vargas, explicó a La Nación que, en el tema del narcotráfico, no se puede menospreciar la presencia del crimen organizado en muchas de estas situaciones ni el reclutamiento de menores de edad por parte de las organizaciones criminales.

Este, dijo, es un fenómeno que antes no se veía como ahora. “Aquí es importante tener presente que los espacios que el Estado deja en una comunidad los toma la delincuencia organizada”, aseveró.
Al comparar estas cifras con el total de casos, los números, de acuerdo con la presidenta de la Corte, “no son escandalosos”. Sin embargo, considera que el simple hecho de que exista un registro obliga a prestar atención a la problemática.
Para Vargas, es necesario analizar las causas y las posibilidades de acceso que tienen los menores de edad a la educación, el deporte y la recreación.
Ligados a la distribución de drogas también aparecen los delitos contra la vida, como los homicidios y las lesiones, que, de acuerdo con los datos, también muestran una mayor participación de menores de edad.
En entrevista con este diario, Vargas recordó un caso que conoció hace un tiempo en una comunidad vulnerable, en el que un niño jugaba con una bicicleta, utilizaba un casco, evidentemente de alguno de los adultos, y simulaba ser un sicario con un periódico enrollado.
A su juicio, aquella escena refleja la realidad de algunas zonas del país, donde los menores crecen en entornos frágiles.
“Fue una imagen muy reveladora porque hoy tenemos niños que en ciertas zonas no sueñan con ser médicos o maestros o abogados, sino que sueñan con ser sicarios”, afirmó.
