Hace apenas dos semanas, Andrés recibió el alta de un centro de salud mental en Estados Unidos, donde permaneció internado durante cinco meses. Fue durante ese internamiento cuando su familia conoció el diagnóstico. El joven, de 27 años, desarrolló psicosis inducida por el consumo de una sustancia psicodélica.
Su madre desconoce qué droga consumió, pero relaciona lo ocurrido con los dos años y cuatro meses que Andrés estuvo inmerso en una comunidad en las montañas de Pérez Zeledón, en Costa Rica.
El Organismo de Investigación Judicial (OIJ) intervino esta comunidad el 6 de octubre, como parte de una investigación por presuntas estafas millonarias, y detuvo a cuatro estadounidenses, entre ellos el supuesto líder, un sujeto de apellido England.
Andrés no es el nombre real de este muchacho. Su madre accedió a conversar con La Nación bajo condición de anonimato, pues la familia mantiene una batalla legal contra el asentamiento y él apenas comienza a recuperarse. En este relato, a ella la llamaremos Megan.
La mujer estadounidense contó que, en 2023, su hijo se preparaba para ingresar a la escuela de medicina. Tenía entonces 24 años y, según recuerda, comenzó a sentirse agotado y deprimido. Fue entonces cuando encontró un libro que hablaba sobre una comunidad en Costa Rica conocida como Earth-Waking Village.
El texto describía un lugar apartado, en el que sus habitantes podían cultivar sus propios alimentos y vivir de la tierra, lejos de las presiones del mundo exterior. La idea atrajo a Andrés.

“Empezó a leerlo, así que se fue a esa ´experiencia memorable´ que se estaba viviendo allí y acabó quedándose. Cuando se fue a Costa Rica, lo convencieron para que se quedara y yo le dije: ´Bueno, necesitas un descanso, no pasa nada´”, recordó su madre.
Al principio, la idea de vivir en una comunidad alejada, en contacto con la naturaleza, no parecía preocupante para la familia. Sin embargo, la percepción de Megan cambió cuando comenzó a enterarse sobre lo que ocurría en ese lugar. “Se volvió una locura”, afirmó a La Nación.
Según Megan, las primeras señales de alarma aparecieron cuando su hijo comenzó a distanciarse de la familia. “Empezamos a preocuparnos porque empezaron a decirle que no hablara con su familia, que la nueva familia suya estaba en esa aldea”, narró.
El Jardín del Edén
El 6 de octubre, agentes de la Policía Judicial de Pérez Zeledón, junto con la Fiscalía y el Departamento de Investigaciones de la Embajada de Estados Unidos, detuvieron a England, de 44 años; su pareja de apellido Hallman, de 44; un hombre de apellido McDow, de 63; y otra mujer de apellido Gingras, de 62.
Según informó la Policía Judicial, hasta ese momento se contabilizaban 11 presuntas víctimas extranjeras y un perjuicio económico estimado en $600.000. Los afectados habrían entregado dinero a los sospechosos bajo distintas promesas, pero se presume que nunca lo recuperaron.
Megan cuenta que este sitio va más allá de posibles estafas, pues los integrantes viven bajo la idea de que construirán una sociedad que sobrevivirá al colapso del mundo. “Prometían que aquello iba a ser el ´Jardín del Edén´ y llamaban ´Babilonia´ al lugar donde vivíamos, en Estados Unidos”, contó.
En poco tiempo, Andrés quedó aislado de su entorno familiar, como, según la madre, ocurrió con otras personas en la comunidad.
“Seguí intentando ponerme en contacto con mi hijo y él empezó a dejar de hablarnos, y yo estaba a punto de irme allí de un día para otro. Iba a coger un avión para averiguar qué pasaba, pero él empezó a decirme que dejara de preocuparme por él. Le lavaron el cerebro”, dijo.
Megan afirma que este supuesto líder, England, se presentaba como una figura con autoridad espiritual y que los habitantes creían que Dios hablaba a través de él. También lo describe como una persona manipuladora. “Sabe cómo entrar en tu cabeza. Es un tipo muy manipulador”, aseveró.
Según la mujer, permanecer en la comunidad implicaba entregar los bienes y dinero a la organización y a England.

En abril del 2024, Megan viajó a Costa Rica para visitar a su hijo. Según su relato, participó en ceremonias en las que el líder aseguraba expulsar el demonio y el ego de los ”pobladores”.
“Fuimos testigos de cómo él torturaba a la gente e intentó hacerme lo mismo a mí. Me decía cosas como: ´Tienes que deshacerte de tu ego. Eres demasiado orgullosa´ y todo ese tipo de cosas para intentar doblegarme. Era un lavado de cerebro. Fue muy grave”, afirmó.
Megan permaneció menos de dos semanas en el asentamiento y aunque intentó convencer a Andrés de que regresara con ella a Estados Unidos, él decidió quedarse.
“Seguí pagando su teléfono (para no perder contacto) y su seguro médico por si acaso regresaba. (Por orden del líder) Andrés sacó un montón de tarjetas y las usó hasta el límite, porque le decían que nunca iba a regresar a Estados Unidos y que, de todos modos, ese dinero no era suyo”, recordó.
Megan asegura que también cubría esos gastos para evitar que su hijo acumulara deudas, aunque las conversaciones entre ambos se volvían cada vez más difíciles y ella insistía en que abandonara ese lugar.
Su preocupación aumentó hacia finales del 2025, cuando se enteró de que los “pobladores” comenzaron a hacer una especie de ayuno intermitente para “limpiar sus almas”. De acuerdo con su relato, Andrés perdió alrededor de diez kilos.
El diciembre pasado, Megan volvió a viajar a Costa Rica para visitar a su hijo. “Estaba blanco. Se veía muy enfermo y demacrado. Nos quedamos en shock al ver lo mal que estaba. Todos en la aldea estaban muy delgados”, dijo.
“Mi hijo no estaba en sus cabales. No había ninguna posibilidad de que aquello saliera bien. Incluso, llamé a la Embajada de Estados Unidos para informar que había personas enfermas y muriéndose de hambre, y que estaban en peligro”, aseguró.
“Estábamos asustados”, agregó.
Las señales de alarma persistieron hasta inicios del 2026, cuando, según relató esta mujer, Andrés hablaba cosas muy “extrañas” durante las llamadas.
Megan afirma que sabía que tenía “apenas un 2%” de probabilidades de sacar a su hijo de allí. Sin embargo, con ayuda de sus familiares y del personal de la Embajada de Estados Unidos, lo consiguió a finales de febrero de este año. Andrés regresó a su país de origen y fue entonces cuando ingresó al centro de salud mental.
“Todos los días decía que quería morir, porque creía que demonios se habían apoderado de su alma, que Satanás había entrado en él y se había apoderado de su alma”, contó su madre.
