Revista Dominical

Tijeras sofisticadas: arando el jardín capilar

Para alguien que toda su vida ha estado acostumbrado a cortarse el pelo en la peluquería del barrio –ojalá gastando menos de ¢4.000– o pasándose la 1 con su propia máquina, la idea de visitar un establecimiento como El Barbero me parecía absurda

El Barbero abrió su primer local en Pinares en 2014, pero el espacio se quedó corto rápidamente.
El Barbero abrió su primer local en Pinares en 2014, pero el espacio se quedó corto rápidamente. José Cordero
El Barbero abrió su primer local en Pinares en 2014, pero el espacio se quedó corto rápidamente. (José Cordero)

¿Por qué querría gastar más de ¢4.000 por un corte de pelo cuando a simple vista lo único diferente es que el lugar es más bonito que la peluquería de turno y que a uno le dan algo de tomar antes de volarle la melena?

Muchos amigos lo han hecho, pero para mí no existía razón alguna. Hasta que finalmente fui.

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