No es coincidencia que renombrados escritores, incluidos varios Premios Nobel de Literatura, hayan sido periodistas. Así lo afirma Marjorie Ross, quien mucho antes de convertirse en Premio Magón, caminaba entre las rotativas de La Nación.
Ingresó al diario en los años 70, en la sección de Inactuales, y desde allí fue plasmando su letra en varias columnas del periódico. Para aquella época todavía era una escritora novata, dice, y La Nación se convirtió en su escuela.
Los redactores más jóvenes tenían el acompañamiento de los mayores, como una suerte de formación cotidiana, que cobraba valor en una Costa Rica donde no abundaban las escuelas de comunicación.
“El núcleo de la vida dentro de la empresa era muy familiar (...). El hecho de poder estar siempre al día con las noticias y comentándolas lo hacían a uno estar con la sensación de que tenía un poquito el corazón del mundo en las manos”, recuerda Ross.
Asegura que el periodismo, aunque sea un oficio maleable, sigue siendo el mismo que cuando ella era “la chiquilla” de la redacción, o al menos en sus bases, porque el redactor sigue viviendo con la fecha de impresión o de publicación encima. Esos pendientes propios del cierre de una edición la acostumbraron a ser puntual, a resumir y a tener claro qué decir en la menor cantidad de caracteres posible.
“Yo pienso que los periodistas somos un grupo muy particular. Es que no se ve el mundo de la misma manera y no se quita”, comenta. “Me enseñó algo que no se aprende en ninguna parte, tampoco en el ejercicio de una profesión, pero que sí moldea, que es la ética”.
Entrevista Marjorie Ross En 'La Nación', Marjorie Ross trabajó con directores como Guido Fernández, Eduardo Ulibarri y Alejandro Urbina. (Alonso Tenorio/Atenorio)
Además de las reuniones diarias, donde convivían distintas profesiones y visiones, Ross encontró apoyo en compañeros como Víctor Hurtado Oviedo (Académico de la Lengua), cuya precisión en el uso del lenguaje le ayudó “no solo a mejorar la prosa, sino en poner mucho más cuidado y pensamiento en cada palabra”.
Y aunque pertenecía a Cultura, también aprendía de las opiniones de los colegas de Política o Deportes, así como de los correctores de estilo que la guiaban para mejorar. No se trataba de señalar el error por sí mismo, sino de escoger las palabras precisas, esas que en el trajín cotidiano de un periódico pueden pasar inadvertidas sin que ello implique necesariamente un descuido.
Los años pasarían y Ross, quien migró a la investigación y la literatura con su libro gastronómico El comal y la olla, se enamoraría cada vez más de la palabra. “Un verso de un poema es como un título de una noticia”, compara.
A lo largo de su carrera, que suma de más de 20 libros y galardones como el Magón y el Pío Víquez, se ha desempeñado como poeta, novelista e investigadora. Sin embargo, afirma que nada de ello habría ocurrido sin el periodismo; para ella, las vertientes de la escritura creativa y la redacción periodísticas son intrínsecas, una amalgama.
Esa unión es importante mantenerla, dice, porque hoy abundan fuentes “instantáneas” alrededor de la noticia, sobre todo por las redes sociales. La calidad del periodismo, empero, depende de lo bien escrito, de lo depurado y de lo diverso.
A los periodistas que hoy estudian la profesión, considerada como el cuarto poder, les aconseja conocer y cuidar sus fuentes, de ser posible de manera presencial, y mantener siempre como norte que el periodismo está llamado a verificar.
Este texto es parte del especial por los 80 años del periódico La Nación. Puede leer los demás artículos en este link.
Entrega de Los Premios Nacionales Marjorie Ross obtuvo el Premio Mágon 2023.