El 8 de mayo de 2025 el sacerdote peruano-estadounidense Robert Francis Prevost fue electo el 267.º papa de la Iglesia católica. Siempre hay quienes se arrogan habilidades proféticas, pero la verdad es que ningún peruano creía que el exobispo de Chiclayo tuviera posibilidades, ni siquiera el escritor Santiago Roncagliolo.
Esa misma noche, tras ver el humo blanco, el autor de Abril rojo (2006) recibió una llamada de su editorial, Seix Barral, que le propuso contar la historia detrás de este teólogo de 69 años.
Así nació El pastor y los lobos (2026), la nueva novela documental de un autor reconocido por escudriñar en las estrechas relaciones de la Iglesia católica con el poder. Roncagliolo, peruano al igual que el papa León XIV, analizó cómo el nombramiento de Prevost responde a la escogencia de un “especialista” que, poco a poco, se convirtió en un hombre cercano del papa Francisco antes de su muerte.
Hasta 2023, “Roberto”, como le decían sus feligreses peruanos, era solo un misionero en Chiclayo, una provincia pobre de Sudamérica. Sin embargo, ese mismo año el papa Francisco lo nombró cardenal y prefecto del Dicasterio para los Obispos, una especie de “ministro”, para hacer una analogía los puestos de un gobierno no teológico.

No era un obispo cualquiera; se trataba de un hombre que había lidiado con casos de abuso sexual dentro del clero, con delitos financieros e incluso con sicarios al servicio de sacerdotes. Esto es lo que narra Roncagliolo en su novela, con una vieja lucha de poderes como trasfondo: la disputa entre la Teología de la Liberación, enfocada en el servicio a los pobres y sufrientes, contra una visión más tradicional, fuertemente representada por el difunto papa Juan Pablo II.
Esta guerra política en la Ciudad del Vaticano es aderezada por vivencias personales del escritor peruano, miembro de una familia desintegrada y testigo del daño que hacen las estructuras sectarias dentro de la Iglesia, aunque al final la fe siempre es fortaleza para quienes sufren.
Este es un extracto de la entrevista de La Nación con Roncagliolo.

— ¿Qué les despertó la curiosidad por contar la historia del camino hacia el papado de León XIV?
— Me preguntaron quién podía hacer el libro y me ofrecí, porque entendí que se trataba de un hombre que viajó de Chicago a Chulucanas y, por tanto, tenía que ser un misionero: nadie hace ese viaje para vivir mejor. El que lo hace es porque tiene vocación de vivir entre los pobres y ayudar ahí.
“Además, un misionero en esos años seguramente tenía que ver con la Teología de la Liberación, que es el cristianismo con el que yo me crié y que inspiró a muchos misioneros que murieron asesinados por dictaduras en Centroamérica o Argentina.
“Había una historia de cómo un obispo de Chiclayo, un lugar en medio de la nada, acaba en el Vaticano y como papa. Además, podíamos hablar de ese cristianismo en el que yo también crecí, y de ese cristianismo puedo decir muchas cosas.
“Se alinearon los astros en un momento particular, porque hay mucha gente volviendo los ojos hacia la religión después de muchas décadas de racionalismo. Vivimos en un mundo que siente que la razón ya no da respuestas para muchas cosas, por eso la editorial sentía que había un interés en el tema”.

— En el libro usted toca temas delicados, habla del Sodalicio (una polémica sociedad desterrada de la Iglesia católica), cuenta de experiencias de abusos sexuales que dio a conocer y cómo eso le generó el odio incluso de amigos. ¿Siguió recibiendo ataques tras publicar?
— En casi todos mis libros hablo de religión y de política, y siempre ha habido mucha polémica alrededor. Amenazas de muerte, amenazas de vetar el libro, retiradas del libro en librerías, amenazas de luchas penales, gente que ha ido a pegarme a presentaciones de libros... Pero me interesa escribir sobre temas que te hagan pensar, que discutan las certezas que tienes; no puedo escribir una novela romántica de gatitos.
“Creo que eso quiere la gente que sigue mi trabajo: una experiencia que desafíe los prejuicios, las verdades creadas, las cosas que nos repetimos sin pensar bien. Estas es una investigación que discute tus certezas, y eso es lo que me interesa como escritor, que nos atrevamos a pensar”.

— ¿En qué se parecen y en qué se diferencian Francisco y León XIV?
— León XIV es sin duda un guardián del legado de Francisco, del legado social, del compromiso con los pobres, la víctimas de guerras, las mujeres maltratadas, los refugiados; en suma, de la idea de que la dignidad humana debe ser universal.
“Sin embargo, también es un hombre mucho más sutil políticamente, un diplomático más hábil, más discreto y más prudente, que abandona otros temas más conflictivos para concentrarse en los temas en los que se puede consolidar el legado de Francisco.
“Eso, en realidad, es lo que quería Francisco, porque él era consciente de que su impetuosidad causaba unas guerras dentro de la Iglesia que no le servían, hacía falta alguien más discreto.
“También hacía falta que su sucesor conociera a la curia, porque Francisco no la conoció, pasó directamente de Buenos Aires al papado, y hacía falta que su sucesor se forjara en El Vaticano, que conociera a los obispos y a los cardenales que iban a votar. Todo eso fue un plan de Francisco.
“Lo que pasa es que, desde el Concilio Vaticano II (1962-1965), la Iglesia está en una guerra entre los más conservadores y los más progresistas, por llamarlo de alguna manera, porque no es exacto. En esa guerra, una de las armas han sido los abusos sexuales, y si esa guerra sigue por ahí, la Iglesia va a autodestruirse.
“Los que votaron a Prevost no están pensando en ganar la guerra, están pensando en acabar con la guerra mediante un papa que cierre las heridas, que acerque a la gente y pueda crear una Iglesia donde todos se sientan parte”.

— ¿La elección de Prevost como León XIV es un reconocimiento de los abusos sexuales como la principal amenaza que puede acabar con la Iglesia?
— Claro, sí. Una parte del perfil que hacen los cardenales es que el elegido sea capaz de luchar contra los abusos sexuales, porque se les salió de control, llegaron a un nivel masivo. Esto le costó el papado a Benedicto XVI, que renunció porque no podía controlarlo. Cada vez que Francisco lo intentaba se le montaba una guerra interna.
“En el fondo es una cuestión de supervivencia: no pueden negar que esto está pasando, nadie va a poner a su hijo en un colegio donde lo van a violar, nadie va a aceptar la guía moral de un encubridor de abusadores.
“Esto ha creado un daño a la Iglesia que había que tomar en serio, y Robert Prevost venía de lucha contra la congregación del Sodalicio, que tenía acusasiones por abusos sexuales, por delitos financieros e incluso por asesinatos. Tiene experiencia en lidiar con los pecados y la oscuridad de la Iglesia.
“Francisco nombró a un obispo de su entera confianza para atender los casos de abusos de los sodálites, siete años después los sodálites son clausurados por Francisco y ese obispo, Robert Prevost, es el papa León XIV”.

— ¿La elección de Prevost como León XIV fue premeditada por Francisco?
— Francisco se apresuró cuando sabía que iba a morir, una de las últimas cosas que hizo fue firmar el fin de la congregación Sodálite. Quería dejar el capítulo cerrado y limpiar el camino de Prevost hacia el papado.
“Francisco llamó a Prevost al Vaticano, lo puso en el Dicasterio de los Obispos, convirtiéndolo en el cardenal mejor relacionado de todo el Vaticano, lo puso en el directorio de varios dicasterios más, para que se relacionara aún más, eliminó a todos sus enemigos a lo largo de dos años y lo nombró en la categoría más alta de cardenal, donde todos son papables, porque son solo siete.
“Él no podía decidir quién era su sucesor, pero todas esas son señales de quién quería que fuera. Todos los demás estaban viendo y entendieron que Prevost era el elegido”.
— ¿El libro cambió su concepción de la religión, la Iglesia católica, la Teología de la Liberación? ¿Cómo cree usted?
— Creo que la razón está en crisis. Sus mejores productos, como la democracia, han terminado con los líderes de las democracias más poderosas del mundo defendiendo invadir países, bombardear inocentes, hacer guerras, perseguir a gente por su color de piel y directamente eliminar a los que son diferentes.
“El otro gran producto de la razón, que es la ciencia, ha terminado diseñando una tecnología que según sus diseñadores nos pueden matar a todos.
“Entonces, vamos a buscar más allá de la razón. Siempre pensamos que la democracia resolvía todo, pero la democracia ni siquiera garantiza la dignidad humana mínima, son democracias las que están haciendo todas esas cosas que dije.
“Las preguntas más importantes ocurren más allá de la razón, no hay motivo práctico para decir por qué debes ser bueno o por qué no debes actuar para forrarte todo lo que puedas de dinero aunque revientes el planeta en el camino. Creo que hay una trascendencia que intuimos a través de la religió y a través del arte, también, y puedo llamarla Dios.
“No creo que Dios sea un viejito que está preocupado por con quién te acuestas, creo que tiene cosas más importantes qué hacer, y una de ellas es inspirarnos para no acabar con todo, que parece que es lo que estamos empeñados en hacer.
“Sí, sí creo en una espiritualidad y en una trascendencia”.
Santiago Roncagliolo en Costa Rica: El autor presentará El pastor y los lobos en la Librería Internacional de Multiplaza Escazú el próximo 30 de octubre a las 6:30 p. m. Si desea asistir, consulte con la librería la disponibilidad de espacios.

