“Préndale fuego a esa porquería de colegio. Igual, son inmunes al fuego porque son demonios del infierno”: este es uno de los comentarios que recibió en Facebook el Colegio de Gravilias por haber llevado a sus estudiantes a visitar el Museo de la Comunidad Judía de Costa Rica. Y no fue el único comentario. En pocas horas, la publicación con las fotos de la gira se llenó de mensajes de odio: que estaban “adoctrinando” a los estudiantes, que los judíos somos una “plaga”, que nos “larguemos” del país.
Me atrevería a decir que ninguna de las personas que publicó esos mensajes ha visitado nuestro museo. Se basaron en prejuicios para emitir criterio y juzgar. Y es que eso es, precisamente, lo que este museo pretende cambiar. Se busca informar sobre el pueblo judío, nuestra religión, tradiciones y valores, pero también sobre nuestras raíces en el país y nuestros aportes a Costa Rica.
Llevo muchos años trabajando en diálogo interreligioso. Esa disposición a buscar a quien es distinto a mí, como lo hicieron los profesores y estudiantes del Colegio de Gravilias, es, creo, la forma más eficaz de combatir el prejuicio. En los muchos encuentros que yo he tenido con personas de otras religiones, cuando hablamos de sus hijos y los míos, de los hobbies que nos gustan o hasta de clima o de fútbol, el prejuicio se desvanece y terminamos hablando “simplemente” con otro ser humano.
Está demostrado que las causas principales del antisemitismo son la ignorancia, los prejuicios y los estereotipos. Nace de rumores y acusaciones, no de la experiencia. De hecho, muchas personas que expresan odio hacia los judíos nunca han conocido a uno. Por eso, la mejor forma de combatir el antisemitismo es educando.
Ese es el propósito del Museo de la Comunidad Judía. Desde hace 20 años, miles de visitantes han conocido allí la cultura y las tradiciones judías, la historia de los judíos en Costa Rica y el Holocausto.
El museo no tiene una agenda política: hay historia, familias, recuerdos y una invitación a conocernos. Como señala el Consejo Internacional de Museos, los museos son un medio de intercambio cultural, de comprensión mutua, de cooperación y de paz entre los pueblos.
Conocer al otro no es adoctrinar. Los colegios visitan iglesias, museos indígenas y centros culturales de muchas comunidades, y eso es parte de lo que ha hecho de Costa Rica un país de paz. ¿Por qué será que esta visita en particular provocó tanta indignación y discursos de odio?
Mis abuelos emigraron de Europa huyendo de la persecución nazi y llegaron a este país de paz, empatía y respeto por los derechos humanos. La generación de mis papás nació en Costa Rica. Mis hijos y yo también nacimos aquí. Y aquí estudiamos, trabajamos, paseamos, vamos al estadio y al cine, como cualquier otro costarricense. Hemos contribuido al país en el comercio, la industria, la medicina, el derecho, la academia y la cultura, y lo seguiremos haciendo.
“Lárguense a Israel y dejen mi bella tierra en paz”, decía uno de los mensajes. ¿Con qué derecho, en razón de mi religión, alguien se atreve a echarme de mi propio país, que tanto nos ha dado y al cual tanto hemos contribuido?
Cada quien puede tener su opinión sobre el conflicto en Oriente Medio. Pero responsabilizar a los judíos costarricenses, a un museo o a un grupo de estudiantes por lo que ocurre a miles de kilómetros, no es una opinión política: es antisemitismo. Y llamarnos “plaga”, “ladrones” o “demonios” no es simplemente una opinión: es antisemitismo.
El Holocausto, del cual el museo también enseña, no empezó con las cámaras de gas, sino con palabras como esas. Esa lección no es solo para los judíos, sino para toda la humanidad.
Existe una línea muy delgada entre la empatía y la indiferencia. El Colegio de Gravilias eligió la empatía, y merece nuestro agradecimiento y respaldo, en lugar de esos insultos. Esos estudiantes y profesores decidieron informarse, preguntar, escuchar y conocer. Eso es lo que libera a las personas de los prejuicios.
Estos ataques y mensajes de odio no harán que los costarricenses judíos nos escondamos. Somos orgullosamente ticos y también orgullosamente judíos.
Por eso, mantendremos nuestras puertas abiertas, en particular a aquellos que escribieron esos comentarios, para que visiten nuestro museo y para que puedan conocernos antes de juzgarnos. El prejuicio se alimenta de la distancia y solo se derrota acortándola.
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Eric Scharf es miembro de Voces Costarricenses Judías.
