Hay ideas que envejecen y otras que, con el tiempo, se vuelven más incómodas. “Volvamos a la tierra”, el programa de gobierno 1982-1986, pertenece a la segunda categoría.
La tierra, por sí sola, no produce desarrollo. Una finca necesita conocimiento, capital e infraestructura. La pregunta no es cuánto producimos, sino cuánto valor generamos por cada hectárea, cada litro de agua y cada colón invertido.
Debemos pasar de una agricultura de subsistencia a una rentable. El productor debe conocer sus costos, anticipar riesgos y asegurar mercados antes de sembrar. La política pública no puede limitarse a apagar incendios tras una mala cosecha; debe garantizar que producir sea un negocio sostenible.
Aunque contamos con sólidas instituciones y conocimiento científico, el desafío es que la investigación llegue a la finca: semillas adaptadas al clima, suelos sanos, mecanización y mejor uso del agua. Además, la asistencia técnica debe evolucionar hacia información oportuna y continua sobre clima, plagas y precios.
El crédito debe servir para transformar, no solo para sobrevivir. Financiar riego, maquinaria, almacenamiento o tecnologías de precisión reduce costos y aumenta rendimientos. El financiamiento no debe ser oxígeno para llegar a la próxima cosecha, sino combustible para transformar la siguiente.
El clima exige visión preventiva. Sequías, inundaciones y plagas amenazan el trabajo de todo un año. El seguro agrícola debe proteger al productor e incentivar la prevención. Asimismo, aunque el país tiene agua, se requieren reservorios, sistemas de cosecha de agua e infraestructura de riego para tenerla disponible donde y cuando se necesita.
Tampoco basta con cosechar. Si las pérdidas, el transporte y una cadena comercial ineficiente absorben el margen, el agricultor gana poco aunque produzca bien. No se trata de eliminar intermediarios, sino de articular centros de acopio, redes de frío e información transparente para mejorar el ingreso del productor sin encarecer los alimentos.
Costa Rica debe pasar de exportar productos a exportar valor: alimentos procesados, ingredientes y productos especializados. Para lograrlo, los pequeños productores necesitan escala. Organizados, pueden compartir maquinaria, comprar insumos a mejor precio y negociar con mayor fuerza.
Todo esto debe realizarse protegiendo los recursos naturales. Producir más con menos recursos no es una contradicción, sino la condición para seguir produciendo.
“Volvamos a la tierra” no es solo un recuerdo de los años 80; es una advertencia. Hoy tenemos más tecnología, conocimiento y mercados. Lo que nos falta es conectar esas capacidades en una verdadera política nacional de productividad agrícola.
La discusión no es solo cuánto produce Costa Rica, sino cuánto valor puede generar en las zonas rurales. Hace cuatro décadas, se planteó una pregunta sobre el rumbo del país. Hoy debemos hacernos otra, aún más urgente: ¿quién nos dará de comer mañana?
La respuesta exige una agricultura productiva, rentable, innovadora y competitiva. Volvamos a la tierra, pero esta vez, con conocimiento, tecnología y visión de futuro.
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Gabriel Monge Maffioli es ingeniero industrial con énfasis en proyectos y mejora continua.