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No tenemos que pensar igual para construir juntos

Los cimientos de un puente son los valores compartidos. Su piedra angular es la confianza. El respeto, uno de sus fundamentos

Vista desde un ángulo bajo del histórico puente de piedra de un solo arco sobre el cauce seco del río Aoos, en la localidad de Vovousa, montañas del Pindo, Grecia, durante el otoño.
El histórico puente de piedra de un solo arco sobre el cauce seco del río Aoos, en la localidad de Vovousa, montañas del Pindo, Grecia, durante el otoño. Andronos Haris

Todas las personas y sociedades necesitamos encontrar maneras de acercarnos sin dejar de ser diferentes. Desde tiempos antiguos, los seres humanos han construido puentes por una necesidad elemental: superar aquello que los separa. El puente nace, por tanto, de una idea profundamente civilizadora.

El ingenio humano ha podido vencer obstáculos sin destruirlos. Los puentes no eliminaron los ríos: permitieron atravesarlos.

La arquitectura expone sus diferentes elementos. El arco permite construir estructuras sólidas. Se sostiene gracias a la distribución de fuerzas entre sus partes. Cada piedra transmite parte del peso a las demás. Ninguna sostiene por sí sola toda la construcción. La clave de un arco es su punto de equilibrio. Los acueductos romanos nos hablan de ello. Algo que puede transmitirnos una lección social: una democracia necesita de pilares sólidos, instituciones y normas que la sostengan.

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