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Los jóvenes no piden que les regalen el futuro

Me quedó dando vueltas la idea de la justicia distributiva: no basta con que una sociedad produzca riqueza; importa cómo reparte sus beneficios y oportunidades

Protestas en la Puerta del Sol, en Madrid. Gente reunida bajo toldos protestaba contra los alquileres inaccesibles, los desahucios y la especulación inmobiliaria
En la Puerta del Sol, debajo de lonas azules y verdes, la gente reunida protestaba contra los alquileres inaccesibles, los desahucios y la especulación inmobiliaria. Jurgen Ureña

En la Puerta del Sol, un aguacero casi tropical había inundado el pavimento. Sobre las tiendas de campaña se extendían grandes toldos blancos, tensados por cuerdas. Debajo, las lonas azules y verdes, los carteles escritos a mano y la gente reunida componían una pequeña comunidad improvisada. Al fondo se alzaban el reloj de la plaza y la estatua ecuestre de Carlos III. Allí protestaban contra los alquileres inaccesibles, los desahucios y la especulación inmobiliaria. Los turistas seguíamos esquivando charcos, casi al margen de aquel otro Madrid.

Durante nuestro viaje por España, las protestas nos salieron al encuentro en las tres ciudades que visitamos. En Valencia, calles cerradas y policías desviando el tránsito; en Madrid, aquella acampada; en Barcelona, una marcha que avanzaba entre cantos. Después, las noticias nos ayudaron a distinguir sus causas. También leímos sobre estudiantes franceses que protestaban por aulas saturadas y escuelas deterioradas.

Una mujer de 87 años enfrentada a la pérdida de su vivienda, jóvenes que trabajan sin poder independizarse, estudiantes que reclaman una escuela digna. Historias distintas, atravesadas por una pregunta: ¿qué lugar queda para construir una vida cuando la rentabilidad pesa más que las necesidades humanas?

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