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La paradoja de una inteligencia artificial sin clientes

Una tecnología que depende de las personas para tener valor no puede prosperar si acaba con la capacidad de esas personas para vivir y pagar por lo que ofrece

Pasillo de supermercado vacío, sin clientes, con carrito de supermercado vacío a mitad del pasillo
La inteligencia artificial puede aumentar la productividad y reducir costos, pero si desplaza trabajadores y reduce sus ingresos, también debilita el consumo. ¿De qué sirve producir más si cada vez menos personas pueden comprarlo? Shutterstock

La inteligencia artificial no puede matar de hambre a la humanidad sin condenarse a sí misma. Nadie busca una herramienta nueva cuando no sabe cómo llevar comida a la mesa. Si quienes deciden cómo usarla destruyen eso, estarán destruyendo también la estructura que la sostiene.

Esto no supone que las máquinas se detengan por compasión. Tampoco depende de que quienes las desarrollan renuncien a ganar dinero. Su fundamento es menos romántico y, precisamente por eso, más difícil de ignorar. Una tecnología que depende de las personas para tener valor no puede prosperar si acaba con la capacidad de esas personas para vivir y pagar por lo que ofrece.

Pensemos en una empresa que descubre que puede hacer el trabajo de 100 personas con 20. Reduce sus costos, aumenta sus ganancias y obliga a sus competidores a seguirla. Hasta ahí, la historia parece una de esas victorias que se anuncian con gráficos y aplausos. Pero los 80 salarios que desaparecen no son solamente un gasto de la empresa. Son también compras en el supermercado, cuotas de una casa, cuentas pagadas en un restaurante, servicios contratados a otros profesionales.

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