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La infancia del ‘¡te vas a matar!’ y el ‘¡te lo dije!’. Pero sobrevivimos

Nuestras madres y abuelas nos criaron como si la muerte estuviera agazapada detrás de cada juego, cada fruta y cada mojada bajo un buen aguacero

Niños descalzos jugando bajo la lluvia y en charcos
Niños descalzos jugando bajo la lluvia y en charcos Shutterstock
Niños descalzos jugando bajo la lluvia y en charcos
Los chiquillos teníamos una sentencia de muerte a cada intento de correr un riesgo. Vivíamos aterrorizados. Aun así, fuimos libres y felices. (Shutterstock/Foto)

Tragarse el pedacito de plástico del boli (un fresquillo que venía en una bolsa plástica) era una sentencia de muerte anunciada.

Si comíamos mamones, la suerte estaba echada: moriríamos asfixiados tratando de tomar aire, con la semilla de la fruta silvestre en el gañote.

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