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Elegancia: una virtud para tiempos de discordia

Nada descalifica más a una persona que la pérdida de control. Una persona prudente tiene en cuenta que es dueña de sus silencios y esclava de sus palabras

Piedras apiladas en perfecta armonía y equilibrio
Piedras apiladas en perfecta armonía y equilibrio Shutterstock
Piedras apiladas en perfecta armonía y equilibrio
Como estas piedras, la convivencia exige equilibrio, autocontrol y capacidad para mantenernos en armonía pese a las diferencias. (Shutterstock/Imagen)

Elegancia, misteriosa palabra. Guarda más relación con la riqueza interior que con el adorno externo. La inteligencia es su gran protagonista. Detrás de un comportamiento elegante, hay una inteligencia despierta. Del verbo latino eligere, “elegir”, ella nos remite a su origen: “saber escoger” lo auténtico, lo apropiado y lo bello. Está más vinculada a las ideas de lo que se supone. A las valoraciones internas. Adjudicarla exclusivamente al mundo de la moda es una identificación errónea. Es una virtud porque en la elección se resuelve la elegancia.

Necesitamos atemperar los ánimos, contar con un equilibrio civil. Ya tenemos profundos desequilibrios económicos y sociales. La madurez es una manifestación de elegancia humana. La inmadurez fabrica constantes tensiones. Requerimos, como Alejandro Magno, cortar el “nudo gordiano” de la discordia. Ya no para conquistar Asia, sino para ganar algo que dice mucho del talante democrático: una ingeniosa concordia.

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