La respuesta empresarial debería comenzar con registros de temperatura y humedad en lugares de trabajo, vinculados a turnos, producción y ausencias
Reconocer el calor en presupuestos, contratos y planificación permitirá decidir mejor dónde invertir. Foto: Shutterstock
Juan Alberto Díaz Mondaca
Las empresas deberían incorporar el calor a su planificación de producción. Mantener el mismo rendimiento esperado durante una jornada más calurosa puede llevar a subestimar tiempos, errores y ausencias. Esa diferencia afecta costos y cumplimiento de contratos, además de las condiciones en que trabajan las personas.
El informe de la Organización Meteorológica Mundial sobre América Latina y el Caribe en 2025, publicado en mayo de 2026, describe episodios de calor sin precedentes y efectos sobre sistemas agroalimentarios. El diagnóstico regional invita a revisar exposición por actividad y territorio. Una temperatura promedio nacional no representa lo que ocurre dentro de un taller o durante una faena al aire libre.
La investigación de Somanathan y sus coautores, publicada en Journal of Political Economy, estudió manufacturas en India. Encontró menor productividad y mayor ausentismo durante días calurosos; en su panel nacional, la producción anual de las plantas disminuye alrededor de 2% por cada grado Celsius adicional. Es una estimación para ese contexto, no un coeficiente que pueda aplicarse automáticamente a Costa Rica.
El estrés térmico disminuye la productividad laboral. (Foto: Shutterstock/Omahgrafisgk)
La OIT proyectó en 2019 que el estrés térmico podría hacer perder el 2,2% de las horas de trabajo mundiales en 2030 bajo los supuestos de su modelo. Es una proyección, no desempleo observado ni una estimación actualizada para cada país. Ambos trabajos sustentan una conclusión práctica: evaluar adaptación requiere reconocer tiempo productivo que puede perderse si no cambian las condiciones.
La respuesta empresarial debería comenzar con registros de temperatura y humedad en lugares de trabajo, vinculados a turnos, producción y ausencias. Comparar jornadas semejantes puede ayudar a detectar exposición y orientar ajustes de horarios, ventilación u organización, sujetos a las normas laborales y de prevención aplicables.
Un error sería evaluar una inversión de adaptación solo por su cuenta eléctrica. También importan continuidad operacional, calidad y costos evitados. Otro error sería elegir equipos sin considerar mantenimiento o capacidad de la red. La alternativa adecuada depende del proceso y debe verificarse con resultados locales, incluyendo las condiciones de quienes trabajan.
Existe una dificultad especial para las pequeñas empresas, con menos recursos para medir y adaptar instalaciones. La asistencia técnica compartida puede reducir ese costo inicial. Cualquier apoyo público debería priorizar exposición comprobada y evaluar mejoras, evitando financiar tecnologías por su sola promesa comercial.
Costa Rica puede llevar esta discusión a sectores concretos y generar evidencia propia. Reconocer el calor en presupuestos, contratos y planificación permitirá decidir mejor dónde invertir. Esperar a que las pérdidas aparezcan en el balance deja a empresas y trabajadores con menos opciones para enfrentarlas.
juan.diaz.m@usach.cl
Juan Alberto Díaz Mondaca esingeniero comercial y docente radicado en Chile.