Aquella vieja discusión sobre si nuestro país debiera moverse hacia un sistema parlamentario o, más a lo tico, semiparlamentario, ha quedado resuelta como suele ocurrir en la historia: políticamente. No jurídicamente.
Los leguleyos decían que había que reformar la Constitución y adaptar, en consecuencia, algunas leyes. Pero no hizo falta nada de eso. El cambio se impuso electoralmente.
Una fracción reforzada del oficialismo, martillada ni más ni menos que por 31 diputados y la posibilidad abierta de sumar más, potenciaron la legitimidad de un segundo mandato chavista, que se impuso en primera vuelta, y con sobrada holgura.
Y aun así, no cae el cuatro. Se sigue leyendo la política desde miradores viejos, con espejuelos empañados y la mala puntería de mirillas desajustadas o interesadas.
Tanto es así que está costando admitir que aquí hay una presidenta ceremonial que se dedicará a reinar, mientras un primer ministro, muy cómodo e hiperfortalecido, se dedica a gobernar.
Dos son sus armas: la chequera y los votos. Es cierto que el que paga además manda. Pero es aún más cierto que el que tiene los votos, manda.
Así que ahora Chaves tiene más tiempo para sus travesuras. Puede seguir armando estructuras y desarmando mitos, mientras las luces se concentran en el distractor de turno y la nueva actriz de reparto: Laura Fernández. “La elegida”.
Y no se trata de disminuir o desconocer el mandato sólido que ostenta la señora Fernández. Sino de algo mucho más sencillo, pero aún más necesario: distinguir entre poder real y poder formal.
Quedarnos en los titulares y las puestas en escena, que no son nuevas ni originalidad de este gobierno, no solo sería chato, sino cómplice.
Aquí hay que decir las cosas más allá de la corrección política o la conveniencia personal. Que de arribistas ya se ha nutrido bastante el poder político en Costa Rica.
Así que, pongámoslo así: Chaves es el libro. Laura, apenas, un pie de página. ¿Y Pilar, se apurarán a preguntar los que quieran parecer más avispados? Bueno, Pilar es el prólogo.
En el índice de ese libro se leen capítulos entretenidos. Unos más alarmantes que otros. Algunos, predecibles. Un primer capítulo sobre Historia de la corrupción y la inutilidad política antecedente en Costa Rica. Y ese es quizá el más largo y caro de todos los contenidos. Porque después está otro, dedicado al Manual populista. Ese es muy repetitivo. Bastaba con asomar a los vecinos para ahorrarnos su lectura.
Pero ese libro no queda ahí: viene un pasaje bellísimo sobre El gran caudillo. Es tan emotivo, que termina uno arrastrando la “errrre” solo con leerlo. Pero también emociona el capítulo sobre la Ética del “jaguarrr”. Ahí le enseñan a uno hasta a mentir como todo buen jerarca fujimorista. ¡Eh, perdón!, chavista. En esa parte del libro se explica por qué las redes de cuido son buenas para nosotros, pero malas para los otros. Misma lógica extensible a las coronas de algunos correligionarios y los cariñitos autorrecetados. Ahí todo se explica con gran transparencia.
Ese librito, corto para que todo el pueblo pueda acceder a él, explica cómo echarle la culpa a otros para ahorrarse la molestia de gobernar: deslegitimando los controles y, sobre todo, a los controladores.
El libro, eso sí, no dice nada del crimen organizado o la crisis de seguridad. De Crucitas, sí: darle el oro a una transnacional muy buena gente que no va a contaminar y, generosamente, nos va a dejar un cinco por ciento.
Termina diciendo el libro que con una megacárcel se arreglará todo. Mano dura y listo. Como Bukele, igualitico.
Finalmente, que los árboles en Manzanillo o en Panamá son prescindibles. Porque esos empresarios son buenos y solo pueden generar empleos si sus desarrollos son masivos, sin importar lo que diga la ley.
En fin, que Chaves tiene el sartén por el mango, por el simple hecho de que los diputados lo siguen a él. No a Fernández, quien se aislaría solita si juega de líbera.
Y es que, en política, no hay pegamento más fuerte que el instinto de sobrevivencia. Si no, que lo digan todos los liberacionistas, socialcristianos y hasta PACquitos que enviaron su currículum rogándole a Chaves por chamba antes y a Laura ahora.
Esos mismos que tienen claro que el chavismo seguirá fortaleciéndose mientras la oposición sean los mismos, con las mismas banderas desteñidas y los discursos manidos de siempre.
Chaves gobierna. Laura reina.
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Pablo Barahona Kruger es abogado.