Opinión

Editorial: Niñez sumida en riesgo

La formación ofrecida a los niños sobre la reacción deseable en caso de una balacera nace de un examen realista de las circunstancias, pero no está desprovista de trauma. Con la vista fija en los niños de Alajuelita, ningún político debería minimizar la crisis de violencia ni atribuírsela a un invento de los medios de comunicación

Carmen Montoya, directora de la Escuela Los Filtros, en Alajuelita, preguntó a los estudiantes de cuarto y sexto grado si tenían noticia de algún tiroteo cerca de sus hogares y la mitad de ellos respondió que sí. Algunos fueron más allá y se refirieron a las balaceras como acontecimientos frecuentes, que ya no inspiran miedo. Dos de ellos, con apenas 10 y 12 años, describieron como se lanzan al piso de sus hogares para evitar una bala perdida.

La escuela abre espacios de conversación sobre la violencia en la comunidad circundante para orientar a los pequeños. También conduce simulacros por si les llega el turno de encarar una situación de peligro, como la sucedida en la Escuela Ciudadelas Unidas, donde a solo 50 metros y a plena vista de las aulas, un muchacho de 16 años perdió la vida a causa de varios disparos.

A los niños se les enseña a permanecer en las aulas y otros sitios resguardados, acostados boca abajo, con los brazos a los lados, lejos de puertas y ventanas. Se les aconseja no correr mientras se desarrolla la emergencia e intentar camuflarse, incluso haciéndose pasar por muertos. A los maestros se les encarga mantener al grupo en calma y todos deben guardar silencio.

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