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Página quince: La solidaridad europea también tiene sentido comercial

Hasta alguien tan ciego a los beneficios de la UE como Orbán debería poder verlo.

Joschka Fischer
Joschka Fischer

BERLÍN– La gran expansión de la Unión Europea (UE) hacia el este en el 2004 fue un momento de esperanza y optimismo. Pero quince años después, las mitades oriental y occidental de Europa están más divididas cultural y políticamente que nunca.

Pese a la mayor prosperidad disfrutada por los países del este de Europa desde que se unieron a la UE, en términos normativos y materiales están cada vez más rezagados respecto de sus homólogos occidentales. Han experimentado emigración en masa, sobre todo, de gente joven. Y aunque las remesas de los que se fueron a trabajar a Europa occidental contribuyeron a una mejora de los niveles de vida en la región, la despoblación ha generado problemas propios.

La actual fractura este‑oeste era previsible. Cuando los Estados miembros de la UE comenzaron a discutir en serio una expansión hacia el este, primero en una cumbre celebrada en 1997 en Ámsterdam, y después en una reunión complementaria en Niza en el 2000, les costó enormemente entender la idea. En concreto, muchos delegados parecían incapaces de convencerse de que para integrar a los miembros nuevos y mantener la cohesión dentro del bloque era necesario adaptar las instituciones comunes y aumentar las transferencias financieras.

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