Navidades en octubre y otras curiosidades de la publicidad costarricense de 1946
La publicidad de 1946 ofrecía soluciones para la caspa, el reumatismo y hasta las amebas
En el primer ejemplar del periódico "La Nación", el 12 octubre de 1946, abundaba la publicidad de cigarrillos. La marca Cacique anunciaba su producto con la imagen de una mujer.
Hace 80 años, Costa Rica era una sociedad políticamente muy polarizada, pero el comercio y la vida cotidiana sugerían que las cosas iban como de costumbre.
El sábado 12 de octubre de 1946, los teatros Palace, Variedades, Moderno e Ideal anunciaron que, al día siguiente, dedicarían sus funciones dominicales a proyectar la película Mosquita Muerta, especialmente para las estudiantes de los colegios de Señoritas, Sion y María Auxiliadora.
La cinta argentina, del director Luis César Amadori y protagonizada por Niní Marshal, fue descrita como “la historia de una colegiala, que tenía ojos de santa y manos de diablilla”. Y añadía que se desarrollaba “en el internado de un colegio de señoritas, donde las alumnas estudian, cantan, se aburren y suspiran por las ganas de la calle”.
También en cartelera estaban las películas Furia Salvaje, Pasaje de amor y La fuga de Tarzán. Igualmente, se podía ir al Teatro Nacional a ver a la bailarina costarricense Viela Victoria o a escuchar a “la eximia recitadora” Clotilde Calvet.
Anuncios publicitarios publicados en la primera edición de La Nación, el 12 de octubre de 1946. Algunas de las piezas publicitarias publicadas en la primera edición de "La Nación", el 12 de octubre de 1946. (Archivo LN/Fotocomposición)
Para los fiebres del deporte, los partidos Herediano vs. Orión y Gimnástica vs. Alajuelense eran la mejor opción.
Sin embargo, en la Costa Rica de 1946, la radio era el medio de entretenimiento más popular. La oferta de esos aparatos incluía los de marca Admiral, de dos bandas, en cuya publicidad se decía que eran resistentes “a toda clase de climas y condiciones atmosféricas”, y que proporcionarían “diversiones ilimitadas”.
Otra popular marca de radios era RCA Victor. En los anuncios, se les describía como “llenos de vida vibrante” por su “belleza de tono”. El almacén de Perry Girton, en San José, invitaba a los clientes a que llegaran al local “a oír y admirar esta maravilla de la ciencia, cuya selectividad y claridad de tono lo dejarán asombrado”.
Siendo estos aparatos tan populares, es comprensible que hasta se ofrecieran clases por correspondencia de reparación de radios: el Hollywood Radio & Television Institute garantizaba a los interesados que ese curso los convertiría en “expertos” y podrían así “ganar más dinero”.
El otro mercado que estaba en claro crecimiento era el de los productos para bebés. La propaganda del “talco boratado Mennen” aseguraba que los bebés eran tan felices con él, que reconocían la marca tan pronto sus madres se lo aplicaban.
La marca Goficalcio prometía engordar a su niño; la “Leche Kraft en polvo” se anunciaba como “rica en crema, uniforme y refrescante”, y “Lactógeno” prometía ser la leche que más se asemejaba a la materna.
Si tenía mal de estómago, Laxol se anunciaba como el “purgante de confianza”, mientras que Hepasana se promocionaba como un purgante “de sabor agradable, y acción suave e inofensiva”. Y si tenía caspa, la podía combatir con “Wildroot cream-oil”, mientras que para acabar con las amebas, se vendía Amebalina.
El catarro se cortaba inmediatamente con Bromoquinina Grove o con Pectoral, de Scott, y el reumatismo o el dolor de espalda se trataban con Cystex. Para los dolores en codos, rodillas, tobillos y muñecas, estaban las píldoras de Witt.
La publicidad de Postum afirmaba que “para jugar fútbol, se necesitan nervios fuertes y robustos”, y para eso era dicho producto.
Para ser “de apariencia atractiva”, se aconsejaba usar jabón Lux, mientras que la marca Pinaud ofrecía agua de colonia y polvo de tocador, al tiempo que Tangee anunciaba lápices labiales y coloretes.
“Para cuando él se le acerque”, lo mejor era usar crema desodorante Amolín, que resguardaba “su pulcritud personal, protegiendo la zona de peligro”.
Si tenía canas, la loción “Juvena” prometía devolverle el color natural a su cabello y la crema dental Ipana le garantizaba “una sonrisa linda y sana”.
Existía la crema de afeitar Ingram, especial para hombres de “barba dura y cutis delicado”, y de las hojas de afeitar “Gillette-Azul” se decía: “Cuestan menos y duran más”.
Para ellas, la novedad del momento eran los sostenes Maiden Form, que habían introducido “el ajuste de levante”. Y los fumadores podían elegir entre las marcas de cigarrillos Cacique y Lucky Strike.
Los anuncios de productos para limpiar la casa y preparar la comida compartían espacio con los de bebidas gaseosas, cervezas y licores. En materia de consumo, al parecer, no hemos cambiado tanto: ayer, como hoy, había que limpiar, cocinar y encontrar la manera de verse mejor.
Y si alguien cree que las compras navideñas empiezan cada vez más temprano, le contamos que hace 80 años ya se habían adelantado bastante. Uno de los anuncios del primer número de La Nación ofrecía “Navidades en octubre”.
david.diaz@ucr.ac.cr
David Díaz Arias es profesor catedrático de la Escuela de Historia de la Universidad de Costa Rica (UCR).