Columnistas

Más cárcel, más delito

Las cárceles no son un depósito de personas sobre las que el Estado puede, arbitrariamente, ejercer sus funciones punitivas. Los reclusos han perdido su libertad, no su dignidad

Un guarda de seguridad de apellidos Solano Enríquez y quien laboraba en la Escuela Naciones Unidas, en San José, abusó de dos estudiantes de sexto grado luego de que salieron de un ensayo de la banda estudiantil.
Costa Rica tiene una de las tasas de privación de libertad más altas del mundo y la tercera más alta de Centroamérica; esta alcanza aproximadamente 343 por cada 100.000 habitantes. Foto: Shutterstock Shutterstock

El anuncio del Poder Ejecutivo de construir una megacárcel inspirada en el modelo del Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot) de El Salvador resulta un total y grosero despropósito. Esto, aparte de ser irrealizable en los seis meses que supuestamente durarían las obras, ya que no se cuenta con el presupuesto, el terreno ni las autorizaciones requeridas para la construcción de un proyecto de esa magnitud.

Esta cárcel de El Salvador se efectuó en amparo del llamado Régimen de excepción vigente desde el año 2022, fuertemente criticado y cuestionado por los organismos internacionales de protección de derechos humanos. Se ha reconocido que este Régimen de excepción no es más que un instrumento utilizado por el Poder Ejecutivo de ese país para legitimar toda la violencia estatal con el uso de cuerpos policiales y militares contra la población estigmatizada como pandilleros. Todo un ejemplo del uso excesivo y abusivo del poder punitivo de un Estado. Manifestación de una represión, persecución y encarcelamiento sin el más mínimo respeto por los derechos constitucionales y las garantías procesales que se deben cumplir en un verdadero Estado de derecho, tales como la presunción de inocencia, el derecho a conocer la acusación, el derecho a la defensa, el derecho a ser escuchado y a que su detención sea revisable por una autoridad judicial imparcial e independiente.

Un Estado que no reconoce controles y límites en la represión o persecución del delito, como El Salvador, no puede ser modelo o inspiración para ningún país; menos para el nuestro, que se precia de ser un Estado de derecho dentro de una democracia constitucional, caracterizada por el respeto de las garantías procesales penales para considerar una detención y un juicio penal justo, transparente y acorde con los estándares internacionales.

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