Columnistas

Jean-Luc Picard, de ‘Star Trek’: una lección de autoridad para tiempos de intolerancia

Estar convencidos de tener razón puede volvernos indulgentes con nuestros propios excesos

María L. Ávila Agüero es pediatra infectóloga, jefa del Servicio de Infectología del Hospital Nacional de Niños y miembro de la Academia Nacional de Ciencias y de la Academia Nacional de Medicina.
María L. Ávila Agüero es pediatra infectóloga, jefa del Servicio de Infectología del Hospital Nacional de Niños y miembro de la Academia Nacional de Ciencias y de la Academia Nacional de Medicina. María L. Ávila Agüero

Star Trek me ha acompañado desde niña y, de adulta, la sigo disfrutando. Le tengo el cariño que se les guarda a las cosas que han estado presentes en distintas etapas de la vida. Entre sus personajes, Jean-Luc Picard ocupa un lugar especial por su manera de ejercer la autoridad.

De él me impresionaba, sobre todo, la capacidad de limitar su propio poder. Era el capitán. Podía dar órdenes y tenía los medios para hacerlas cumplir. Aun así, aceptaba que su rango no lo autorizaba a hacer cualquier cosa. Escuchar era parte de su trabajo. Una objeción merecía ser considerada aunque complicara la decisión que él quería tomar. Cuánto necesitamos recordar eso cuando nos corresponde ejercer un cargo de jerarquía.

Picard encarnaba la confianza en la convivencia que atraviesa la saga creada por Gene Roddenberry. En su nave, seres distintos trabajaban juntos y compartían responsabilidades. Entenderse requería esfuerzo. La paz exigía negociar y reconocer que los demás también tenían razones, incluso cuando resultaba difícil aceptarlas.

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