
Gabriela Mistral visitó Costa Rica entre el 6 y el 15 de setiembre de 1931, lo cual significó un hecho trascendente para la cultura y la educación de nuestro país. No fue para menos, pues la poeta, ensayista, maestra y diplomática chilena ya mantenía relaciones intelectuales con personajes de nuestra intelectualidad, entre los que se encontraban Joaquín García Monge y Carmen Lyra.
Debe recordarse que, en 1945, la Mistral se convertiría en la primera escritora de América Latina galardonada con el Premio Nobel de Literatura.
Ya Gabriela era conocida en el contexto cultural costarricense; muestra de ello es que se habían publicado poemas suyos en la revista infantil San Selerín, dirigida por Carmen Lyra, Lilia González y Joaquín García Monge.
En esa publicación, el 15 de mayo de 1923, hicieron una elogiosa presentación de la poeta: “Ahora yo pienso: quisiera haber estado corriendo y gritando la tarde entera y, cuando no pudiera más, irme a hundir como entre un nido en el regazo de Gabriela Mistral y sentir la mano con la que toma la pluma para escribir sus versos, apaciguar mi cabellera alborotada”. Además, publicaron sus textos poéticos “Los cabellos de los niños”, “La raíz del rosal”, “Plantando el árbol”, “Plegaria por el nido”, “Caperucita Roja” y “Promesa a las estrellas”.
Esta escritora chilena envió abundantes escritos, entre 1919 y 1951, a la revista cultural Repertorio Americano. Fue una publicación tesonera, realizada por García Monge, que funcionó como una cátedra abierta a difundir ideales humanistas en los países iberoamericanos.
Personalidades extranjeras de la talla de Alfonso Reyes, José Vasconcelos, Miguel de Unamuno o Victoria Ocampo publicaron en Repertorio, también lo hicieron costarricenses como Roberto Brenes Mesén, Manuel González Zeledón (Magón) o Emma Gamboa.
Tan amplia es la participación de Gabriela Mistral en esta revista costarricense que los profesores Francisco González, Marybel Soto y Mario Oliva reunieron dos tomos bajo el título Toda Gabriela Mistral en Repertorio Americano y, precisamente en esa obra, se refieren al itinerario de la poeta durante la visita realizada a nuestro país.
Gabriela Mistral fue recibida en puerto Limón, el 6 de setiembre de 1931, por una delegación de profesores de centros educativos de San José, Heredia, Alajuela y Cartago y más de 500 niños que hicieron, en esa ciudad, una fiesta.
Durante el viaje, en tren, hacia San José, fue entrevistada por El Diario de Costa Rica, y manifestó su pesar por no poder ir a Nicaragua a dialogar con Augusto César Sandino; más adelante también comunicaría su deseo de rendir homenaje, en la catedral de León, a Rubén Darío.
Su llegada a San José fue apoteósica. Emma Gamboa recuerda que la llamada “maestra de América” caminó entre escolares que le lanzaban flores.
A partir de aquel momento, cumplió con una apretada agenda que incluyó discursos, conferencias, entrevistas y lecturas de poemas en el Edificio Metálico, el Liceo de Costa Rica, la Escuela Normal –situada en Heredia–, El Diario de Costa Rica, el Colegio Superior de Señoritas, el Teatro Nacional, la Escuela Joaquín García Monge –en Desamparados–, la Escuela Vitalia Madrigal, el San José Athletic Club y el Teatro Sun Yat Sen, de Puntarenas.
Durante esos días, abogó, entre otros temas, por una organización magisterial que hiciera equilibrio entre las luchas pedagógicas y las sindicales; la necesidad de educar en humanidades, la conquista de los derechos políticos de las mujeres, el legado del poeta Federico Mistral, su admiración por el maestro Omar Dengo y explicaciones sobre su propio quehacer poético.
Debe decirse que recitó poco, y advirtió que lo hacía mal; a pesar de ello, en la Escuela Vitalia Madrigal leyó “La pajita”, una de sus composiciones más celebradas, en ese momento inédita.
Partió de Puntarenas rumbo a El Salvador el 15 de setiembre. En una epístola que dirigió a García Monge y Carmen Lyra, en 1932, expresó: “Mis amigos, me pasó con su país lo que me temía; tanta visita hubo a escuelas, que yo conocí de su país solo dos caminos de tren”.
Faltan cinco años para celebrar el centenario de este histórico periplo. Es tiempo suficiente para que las universidades públicas, el cuerpo diplomático y el Estado costarricense organicen una conmemoración, pues Gabriela Mistral dejó profunda huella en la cultura, la educación y las humanidades, áreas que guardan absoluta atención y vigencia en el siglo XXI.
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Carlos Rubio Torres es profesor jubilado de la Universidad de Costa Rica (UCR) y la Universidad Nacional (UNA).
