La invitación a inaugurar dos módulos de cinco la semana pasada era como la manzana de Blancanieves. Es ridículo que haya quienes cuestionen que los miembros del Poder Judicial no asistieran. Además, es algo que ni siquiera se estila, o ¿acaso Laura Fernández y sus ministros acuden cada vez que se abre un nuevo edificio de tribunales?
Haber ido habría sido una torpeza. La vulgaridad y la falta de decoro con la que el Poder Ejecutivo y sus titulares han dinamitado cualquier vía de diálogo con el aparato de justicia ya han superado todos los límites.
Han llamado bruto y criminal al expresidente de la Corte, amenazan con ahogar a los órganos de investigación a partir de un desfinanciamiento bestial en medio de la peor crisis de seguridad de la historia, han planeado marchas contra el fiscal general, cuyo imperdonable pecado ha sido tramitar denuncias que comprometen a ministros y diputados oficialistas, se han burlado de la apariencia física de magistradas y han alimentado linchamientos dirigidos a jueces por hacer su trabajo. Degradaron el debate político como nadie se ha atrevido, deshumanizando y ridiculizando a quienes convertían en sus adversarios porque no soportan los controles naturales de un régimen democrático.
