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Cuando octubre invita a celebrar en vez de hacer camorra

Que octubre traiga cumpleaños no es poca cosa: también trae memoria, canciones, amigos y una buena razón para hacer una pausa en la camorra

Carlos Arguedas Ramírez, columnista de La Nación de Costa Rica, exmagistrado de la Sala Constitucional y exdiputado, actualmente consultor internacional y socio de DPI Legal.
Carlos Arguedas Ramírez, columnista de La Nación de Costa Rica, exmagistrado de la Sala Constitucional y exdiputado, actualmente consultor internacional y socio de DPI Legal. Alejandro Gamboa Madrigal

El primer día de octubre empieza la temporada de celebración del natalicio de gran parte de la gente de antes. La temporada es larga, va más o menos hasta fines de febrero; se debe, claro está, a que mayormente en esos meses se cosechaban las prácticas conyugales consagradas por las antiguas costumbres, gracias a la pasajera bonanza de la recolección del café y los aguinaldos.

Es una buena ocasión para distraer la atención en estos tiempos en que no se nos alienta a otra cosa más que a hacer camorra, cuando, a falta de claridad de propósitos públicos, de articulación previsora, mínimamente visionaria, y habilidades para acometerlos, se pierde el tiempo cultivando con aspereza, voces destempladas y gestos groseros o grandilocuentes toda clase de desencuentros y conflictos. Como uno del que algo leí en la prensa de estos días, que confrontó a dos elevados cargos públicos en una disputa inefable por el acceso a cierta información, que en otro momento se hubiera evitado con una cordial llamada de teléfono.

Pero va a comenzar octubre, y esto significa que puedo volcarme en mis propios natalicios, no demasiado numerosos, que la vida me ha reservado especialmente y que van a empezar desde el primero del mes.

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