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A eso de la III República podría dársele un uso constructivo

Esta deliberación es urgente. El rumbo actual del país no tiene a nadie contento. Aprovechemos esta situación para hacer algo positivo

Foto de Jorge Vargas Cullell, columnista de La Nación de Costa Rica
Jorge Vargas Cullell, sociólogo, director del Programa Estado de la Nación Mayela López, fotógrafa de La Nación

De la III República no hemos oído mucho recientemente. Debe ser que lo mejor de este país está encerrado pensando la sociedad del futuro y definiendo los medios idóneos para alcanzarla. Ustedes saben: el silencio siempre acompaña los procesos de creatividad profunda, pues no es posible parlotear y al mismo tiempo diseñar cosas complejas. A Varguitas, como público, no le queda más que esperar esperanzado (lindo juego de palabras, ¿no?, dos términos con una misma raíz que colorean, con ilusión, lo que de otra manera sería un gris aguante).

Digamos que, en efecto, lo de la III República, pese a la espera esperanzada, no sea más que un eslogan y algunas consignas. Más aún, supongamos que son palabras para enmascarar el intento por alterar el balance de poderes a favor del Ejecutivo y debilitar el Legislativo y Judicial. En regímenes presidencialistas como el nuestro, eso se llama concentración presidencial de poderes.

Aun en este infortunado, mas no improbable supuesto, lo de la III República podría valer la pena. Y no, no en el sentido de “hagamos ya una constituyente para tener una nueva Constitución Política”. Eso es poner la carreta antes de los bueyes. La literatura sobre reformas constitucionales sugiere que, antes de cambiar a fondo una constitución, primero debe alcanzarse un amplio acuerdo político sobre la sociedad que se quiere lograr. De lo contrario, se producen “trajes a la medida” a favor de los más fuertes y el resultado es inestable.

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