Últimamente, han salido a la luz las enormes pérdidas del ICE en proyectos atrasados o fallidos. Se han utilizado sumas multimillonarias que terminaron sin invertirse, y ahora, como cereza del pastel, sus directivos ocultan el presupuesto de telecomunicaciones declarándolo “confidencial”.
Debería ser todo lo contrario: el ICE, como empresa pública estatal, tiene el deber de abrir sus cuentas a la transparencia y la fiscalización ciudadana. Algo huele mal en las “altas esferas” del ICE desde hace mucho tiempo.
Julio Vindas Rodríguez, San Pablo de Heredia
Avisos por correo electrónico
En días recientes, el Banco Nacional cambió la forma de cobro –de anualidad a mensualidad– en el mantenimiento de cuentas. Hice una llamada al call center y me indicaron que esto se notificó vía página web. Creo que este tipo de notificación debieran realizarla por correo electrónico. Muchas personas son adultos mayores y tienen mayor facilidad por medio de su correo. La Sugef debería obligar a los bancos estatales a utilizar ese medio de comunicación para informar a sus clientes de cualquier cambio.
Raimundo Vega Fallas, Alajuelita, San José
65 años con ‘La Nación’
Empecé a leer el periódico La Nación allá por 1958, cuando ya sabía leer gracias a mis maestras de la Escuela Rogelio Fernández G., de Villa Colón, y a mi madre, que era maestra en la finca El Rodeo.
Me acuerdo como si fuera hoy: mi papá llevaba el ejemplar por las tardes porque se lo regalaba algún amigo, probablemente don Carlos Cuadra, dueño de la pulpería; un señor Ávila; el señor Guzmán, de la botica, o el dueño de la gasolinera. Otras veces, aparecía con varios ejemplares de la semana anterior que le guardaban algunos veraneantes que tenían quintas de recreo y llegaban los fines de semana. Recuerdo a don Roberto Pérez P., don Ernesto Rohrmoser, un señor Feoli, de la zapatería, y don Juan Rivera, amigos muy queridos de mi papá.
Cuando la situación económica mejoró para nuestra familia, gracias a un trabajo que le consiguieron a mi padre como liniero de la CNFL, se suscribió a La Nación. A partir de entonces, el periódico llegaba todos los días a mi casa, con una etiqueta con su nombre en la parte superior derecha de la primera página.
La Nación ha sido una compañera fiel durante más de 65 años. Un café o un desayuno sin el ejemplar no sabe igual, además de las ojeadas que le doy durante el resto del día.
¡Felicidades!, aunque a muchos les duela este aniversario.
Jorge E. Varela Solís, Moravia
Manzanas verdes
Qué vergüenza de diputados los que hay en la Asamblea Legislativa, que no tienen ni el valor ni los principios para defender lo que dicen. Lo único que saben hacer es insultar a las personas que piensan o actúan de manera diferente a ellos.
La diputada Cindy Murillo cree que el pueblo es tonto. Ellos se ufanan de ofender a la gente, pues eso es lo que han aprendido de sus líderes, pero luego ni siquiera son capaces de sostener lo dicho. Así, luego de su publicación, indicó que la “M” se refería a “manzanas verdes”. Si tuviera vergüenza, al menos se quedaría callada, pues insulta la inteligencia de los costarricenses al decir que “somos muy mal pensados”.
Rafael Cob Prendas, Curridabat
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