Si le preguntan qué causa el cáncer en jóvenes es probable que su primera respuesta apunte a la herencia familiar. Sin embargo, hay otros factores que preocupan a los especialistas, desde el estrés crónico y la alimentación hasta el consumo de vapeadores. Dionisio Flores, oncólogo del Centro de Cáncer del Hospital Metropolitano, explica por qué esta enfermedad también aparece en personas de 20 y 30 años, incluso sin antecedentes familiares conocidos, y qué señales conviene no pasar por alto.
Lo que debe saber:
El uso continuo de vapeadores causa una inflamación crónica que, en un lapso de 5 a 15 años, puede transformar células sanas en tumorales.
Si un familiar directo tuvo cáncer a los 45 años, usted podría necesitar chequeos preventivos desde los 35.
Síntomas como dolor, diarrea o tos que no desaparecen después de siete o diez días requieren atención médica.
El peligro oculto detrás del vapeador: ¿qué ocurre en el cuerpo cuando alguien vapea?
Aunque el consumo de cigarrillos tradicionales ha disminuido, cada vez más personas recurren a los vapeadores, cuyos efectos a largo plazo siguen generando preocupación.
Sus sabores y olores pueden hacer que parezcan menos riesgosos, pero eso no significa que sean inofensivos. El problema no es solo lo que se inhala, sino también la frecuencia con la que se hace.
Flores explica que la exposición constante a las sustancias de estos dispositivos puede provocar procesos inflamatorios. Cuando una persona vapea varias veces al día, esa inflamación puede mantenerse y favorecer cambios en las células.
¿Qué significa esto? En condiciones normales, las células cumplen sus funciones, pero la exposición prolongada a sustancias dañinas puede alterar la estructura celular. Según el oncólogo, estos cambios pueden hacer que una célula normal se convierta en una célula tumoral.
El proceso no ocurre de un día para otro. Flores advierte que las consecuencias podrían manifestarse después de cinco, 10 o hasta 15 años de exposición.
El peso del ‘corre-corre’: ¿por qué hay cáncer antes de los 40 años?
Más allá del vapeo, el día a día actual también preocupa a los oncólogos. Durante años, la genética ha sido una de las principales referencias al hablar del riesgo de cáncer en personas jóvenes. Sin embargo, Flores señala que también ha atendido pacientes de 20 y 30 años sin antecedentes familiares conocidos que desarrollan tumores.
Entre los diagnósticos más frecuentes están:
Cáncer gástrico: afecta el estómago.
Cáncer colorrectal: compromete el colon o el recto.
Sarcomas: tumores que pueden aparecer en los huesos y en los tejidos blandos del cuerpo, como los de las extremidades.
¿Qué está cambiando? El especialista apunta a varios factores del estilo de vida actual, entre ellos el estrés y la alimentación.
Antes, las personas solían dedicar más tiempo a preparar y consumir sus comidas. Ahora, el ritmo acelerado lleva a muchos a resolver el desayuno o el almuerzo con comida rápida y productos empacados.
Algunos de estos alimentos contienen cantidades elevadas de azúcar y sal, además de otras sustancias perjudiciales para la salud. Estos hábitos, junto con el consumo de tabaco y de vapeadores, forman parte de los factores de riesgo que merecen atención.
Vapeadores, vapeo. El uso frecuente de vapeadores genera una inflamación crónica que puede alterar la estructura de las células y derivar en cáncer con el paso de los años.
(Shutterstock/Shutterstock)
La genética sigue siendo importante, especialmente cuando hay varios familiares con determinados tipos de cáncer. Sin embargo, no tener esos antecedentes no significa que una persona esté libre de riesgo.
Por eso, Flores insiste en prestar atención a los hábitos cotidianos y consultar cuando aparecen síntomas persistentes, aunque se trate de alguien joven.
Banderas rojas: ¿cuándo dejar de normalizar el dolor?
El tiempo de evolución de un síntoma es la clave para detectar el cáncer a tiempo.
Según explica el médico, el límite aceptable para un malestar común es de cinco a siete días. Las alarmas deben encenderse si los síntomas persisten.
Diarreas de tres semanas de evolución.
Molestias digestivas persistentes, como dolor en la boca del estómago o reflujo.
Tos persistente, especialmente si expulsa flema rosada, negra o con sangre.
Cambios en la visión (ver borroso o doble) acompañados de dolores de cabeza severos.
La prevención natural (y gratuita) a su alcance
Prevenir la enfermedad requiere volver a los hábitos básicos que el cuerpo necesita para repararse.
El descanso es, quizás, la herramienta más poderosa. A partir de las 10 p. m., un sueño de ocho horas funciona como un equipo de mantenimiento.
“El cuerpo es tan maravilloso que con el dormir hace que las células se reparen, entonces destruye las células malas y repara las células que están dañadas”, detalla el médico.
Además del sueño, usted puede construir un escudo protector con tres acciones diarias:
Hidratación real: su cuerpo necesita agua pura, no bebidas gaseosas ni energéticas.
Movimiento constante: hacer ejercicio ayuda a controlar el estrés y las enfermedades crónicas.
Gestión del estrés: aprender a decir “no”, priorizar pendientes y respirar aire puro en la naturaleza ayuda a reducir la tensión cotidiana.
También es importante evitar el tabaco y los vapeadores, así como protegerse de la exposición solar excesiva.
Si en su familia hay antecedentes de cáncer, conviene hablar con su médico para conocer su riesgo. Flores explica que existen pruebas genéticas, incluso para personas sanas, que ayudan a detectar alteraciones hereditarias. Según el tipo de cáncer y la historia familiar, también podría ser necesario empezar los controles 10 años antes de lo habitual.