“La situación en Limón tiende a normalizarse poco a poco”, declaró en aquel momento el ministro de Seguridad Pública, Mario Charpentier, quien regresó del puerto después de haber permanecido ahí cuatro días.
“Todo está bajo control”, enfatizó Charpentier, quien señaló que se habían movilizado 25 mil cajas de banano desde La Estrella para comenzar a cargar un barco.
Además, se habían puesto en servicio varios trenes para transporte de personas y de carga a la localidad de Pandora y se esperaba que paulatinamente se fueran restableciendo los diversos servicios.
Por otra parte, manifestó que hasta ese día la Junta de Administración Portuaria de la Vertiente Atlántica (Japdeva) había reclutado a más de 400 personas que habían llegado a ofrecer sus servicios para engancharse a trabajar en los muelles o el ferrocarril.
El ministro condenó las amenazas contra la vida y los secuestros y dijo que la Guardia Civil tenía la capacidad suficiente para impedir que eso sucediera. Señaló que “era insólito que se utilizaran esas tácticas de terror” y puntualizó que se trataba de “tácticas de la mafia”.
El ministro indicó que tenía a un grupo de detectives que estaba investigando la procedencia de las amenazas contra quienes no se querían sumar a la huelga.
Asimismo, ratificó que había orden de captura contra 12 dirigentes sindicales, pero manifestó que se estaban gestionando permisos de allanamiento para poder ingresar a los lugares donde se sabía que se encontraban.
Por su parte, el vicepresidente de la República, Carlos Manuel Castillo, reiteró la posición del gobierno de no negociar mientras se mantuviera el estado de huelga.
El Sindicato de Trabajadores del Ferrocarril Nacional al Atlántico decretó el 28 de octubre de 1976 la paralización de ese medio de transporte a medianoche y, en consecuencia, la inactividad en las instalaciones portuarias.
Curiosidad del día: resaltaba la enseñanza para niños sordos en Cartago
Hace 50 años, la escuela para niños sordos de Cartago destacaba como un referente de educación especial con una matrícula de 82 alumnos sordos y 20 con problemas de aprendizaje. Nacida en 1967 por iniciativa comunal y del Club Rotario, y formalizada por ley en 1968, la institución contaba con cinco aulas equipadas con cámaras de observación, cubículos individuales y un equipo multidisciplinario de maestras, terapeuta del lenguaje y profesor de educación física.
Además de sobresalir en competiciones de gimnasia y atletismo frente a escuelas regulares, en agosto de aquel año sus docentes impulsaron una campaña de concientización en prensa y televisión bajo el lema “Hable de frente al niño sordo”, con el fin de demostrar que los menores podían aprender a hablar e instar a las familias a comunicarse con ellos verbalmente y no solo por señas.
Los niños estaban atentos a las indicaciones del docente. (La Nación/Archivo)