Contra todo pronóstico, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ganó las elecciones presidenciales de este domingo 25 de octubre, al imponerse al senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, en un resultado que, según el analista costarricense Carlos Murillo Zamora, frena el giro hacia la ultraderecha en América Latina.
Con 99,79% de los votos escrutados, el gobernante, de casi 81 años, obtuvo 51,76% de los sufragios, frente al 48,24% de Bolsonaro quien le había ganado en primera vuelta. Para ese momento, las autoridades electorales habían revisado alrededor de 123,8 millones de votos.
Para Murillo Zamora, académico de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional (UNA), el desenlace es “sorprendente” porque Lula logró revertir el resultado de la primera ronda frente a un movimiento de la familia Bolsonaro que “parecía muy consolidado” y que recibió apoyo decidido, incluso financiero, desde Estados Unidos y del presidente argentino, Javier Milei.
Luiz Inácio Lula da Silva frena giro a la derecha en la región
Según Murillo, ahora se abre un escenario particular: la mayor economía de América Latina logra mantenerse a contracorriente de la tendencia de gobiernos que giran hacia la extrema derecha en buena parte de la región.
En su discurso de victoria, Lula afirmó que los brasileños votaron para “garantizar la democracia”.
Dijo además que los votantes vencieron “la intromisión” desde el extranjero de las plataformas digitales, y prometió regularlas tras denunciar “interferencia” de Meta en la campaña.
Riesgo de judicialización y el papel de Washington
Murillo Zamora anticipa que el movimiento de Flávio Bolsonaro intentará judicializar las elecciones y alegar un robo, como en su momento intentó el expresidente Jair Bolsonaro, quien hoy se encuentra en prisión.
En ese contexto, Murillo considera clave la actitud de la Casa Blanca.
“Debería, por razones democráticas, defender el resultado”, sostuvo.
Para él, si Estados Unidos reconoce el triunfo de Lula, eso “desarmaría las tesis” del bolsonarismo. No obstante, no descarta que otros gobernantes latinoamericanos respalden la tesis de fraude o manipulación, lo que podría generar tensiones en la región.
El académico advirtió de que la victoria no garantiza un esquema de gobernabilidad sencillo: tras la primera ronda, el Congreso y muchos de los gobernadores estatales quedaron en manos de la centroderecha y, sobre todo, de la ultraderecha bolsonarista.
Murillo calificó los comicios como una cuestión “existencial” para Brasil y para América Latina, pues podrían revertir la tendencia hacia la extrema derecha y los recortes (“tijeretazos”) que, según dijo, golpean a los sectores de menores ingresos en prácticamente todos los países latinoamericanos.
Planteó que la región podría sumarse a las protestas que se observan en Europa contra esos recortes, impulsados, a su juicio, por movimientos ultraconservadores y de “cristianismo nacionalista” presentes en varios países, incluido Costa Rica.