
No es común ver a una mujer ejerciendo el rol de gatillera, acercándose a un objetivo a bordo de una motocicleta, empuñando un arma y ejecutando un crimen en plena vía pública.
Sin embargo, detrás de esa aparente ausencia, las fiscalías del país han identificado cómo las mujeres ingresan y participan dentro de las estructuras criminales.
Sharon Rodríguez, fiscala coordinadora de la Fiscalía Adjunta Especializada en Delincuencia Organizada, señaló que una de las características más comunes son las relaciones sentimentales como vía de reclutamiento.
Muchas mujeres llegan a los grupos a través de vínculos afectivos rápidos y desiguales con cabecillas o eslabones más bajos.
Rodríguez apuntó también a que las mujeres están siendo cada vez más utilizadas como campanas, aunque también las fungen como mulas para trasladar droga o dinero, o como anzuelos para atraer a las víctimas y facilitar homicidios o robos, que materializa un tercero.
Otras, entre ellas abogadas y contadoras, también asumen labores clave en la legitimación de capitales o en la logística de envíos de grandes cargamentos ilícitos.
El reclutamiento, explica la fiscala, está ligado a la vulnerabilidad de estas mujeres, que las hace más susceptibles a las promesas del crimen organizado y termina atrapándolas en dinámicas de control.
El más reciente informe del Estado de la Nación señaló que el mercado ilícito de las drogas está captando a las mujeres que tienen trayectorias marcadas por la exclusión social y la precariedad socioeconómica.
Su participación, detallan los investigadores, se asocia a factores como la violencia intrafamiliar, la necesidad de generar ingresos para la subsistencia del hogar, el bajo acceso a la educación y la falta de oportunidades laborales formales.
La mayoría de estas mujeres tienen, además, responsabilidades de cuido. Esto, relata el documento, incrementa la presión económica para sostener su hogar.
La violencia que se ejerce contra ellas en organizaciones criminales se caracteriza por ser desproporcionada. La Fiscalía registra casos en los que, tras cumplir su función, las organizaciones asesinan a mujeres para impedir filtraciones o como un acto de venganza.
Muertes en manos del crimen organizado
El incremento en los asesinatos de mujeres en manos del crimen organizado obligó, en 2021, a reformar la Ley de Penalización de la Violencia contra las Mujeres e incorporar el artículo 21 bis, que establece el delito de femicidio en contextos de crimen organizado, narcotráfico u otros delitos conexos.
Aunque la Fiscalía de Género no ha logrado elevar a juicio el femicidio de una mujer en contexto de crimen organizado, cinco casos evidencian el reclutamiento y la muerte violenta de mujeres que, por distintos motivos, terminan vinculadas con organizaciones delictivas.
Uno de estos ocurrió en febrero del 2023, en Limón. Kristel Patricia Aguilar, de 21 años, y su amiga Nahomy Ramírez Jiménez, de 22, fueron reportadas como desaparecidas luego de asistir a una fiesta. Las dos mujeres salieron hacia Las Palmeras, en Limón, y no regresaron a sus viviendas.
Ninguna de ellas estaba vinculada con una organización delictiva, pero brindaban servicios a algunos de sus integrantes. Se presume que sus cuerpos fueron quemados y enterrados. Agentes del OIJ realizaron extensas búsquedas con drones, perros adiestrados y maquinaria pesada, pero nunca se hallaron sus restos.
Kristel era madre de una niña de 3 años en aquel entonces, y Nahomy dejó una hija de 4 años.
Otro de los casos ocurrió en la zona de Los Santos. La víctima fue una joven de 18 años sin antecedentes criminales. Según la fiscala, Sharon Rodríguez, la mujer fue contactada por redes sociales por un integrante de una organización que administraba un punto de venta de droga. En quince días ya convivían. Ahí empezaron las amenazas y coacciones para que la joven realizara tareas. “Estaba doblegada a los intereses de la organización”, explicó Rodríguez.
Poco tiempo después, un miembro la acusó falsamente de ser informante del OIJ, la privaron de su libertad durante dos días, la torturaron, le dispararon en ambas piernas y finalmente la quemaron aún viva.
De acuerdo con Allan Cortés Segura, fiscal coordinador de la Fiscalía Adjunta de Género, las muertes de mujeres vinculadas con organizaciones criminales se caracterizan por un alto grado de ensañamiento.
Otro expediente de la Fiscalía revela un caso ocurrido en Quepos, que sigue el mismo patrón. Dos mujeres trabajadoras sexuales fueron contactadas por un miembro de una estructura criminal. Una de ellas inició una relación sentimental con el hombre y quedó sometida a las órdenes del grupo. La obligaron a atraer a una víctima a un punto acordado para que otro integrante ejecutara un homicidio.
La mujer pidió ayuda a una amiga y la operación se concretó, pero ambas fueron asesinadas después, ya que para la organización era riesgoso dejarlas con vida.
Otras mujeres directamente vinculadas con las estructuras criminales también han fallecido en ataques violentos. El 18 de octubre del 2022, dos mujeres que ocupaban un mando medio, recolectando dinero, controlando puntos de venta, cobrando deudas y dando órdenes para matar, fueron asesinadas.
En su lugar, quedó otra mujer ejerciendo el liderazgo.
El crimen organizado; sin embargo, extiende sus tentáculos hasta quienes no tienen ningún vínculo directo con organizaciones delictivas, pero sí allegados que se dedican a actividades ilícitas.
En mayo del 2023, una madre de dos menores de 7 y 4 años fue asesinada mientras viajaba con su pareja. Gatilleros dispararon contra ambos y solo ella resultó con heridas mortales. En apariencia, ella no tenía antecedentes delictivos, pero su pareja sí, y también su padre.
En este caso, no se logró vincular al líder de la organización con la muerte de esta mujer.
Allan Cortés, fiscal coordinador, afirmó que la Fiscalía de Género está trabajando en la construcción de un protocolo que incluye un diagnóstico sobre la participación de mujeres dentro del crimen organizado y las muertes que ocurren en este contexto.
El documento, explicó, analizará tanto la participación de mujeres víctimas como la de mujeres victimarias, que también terminan siendo víctimas de su propia organización.
