Antonio Alfaro. 17 marzo
Fernando Ocampo parece desvivirse por la Liga, pero algunos de sus intentos por dar grandes golpes han terminado en frustraciones para el liguismo. Foto: Rafael Pacheco
Fernando Ocampo parece desvivirse por la Liga, pero algunos de sus intentos por dar grandes golpes han terminado en frustraciones para el liguismo. Foto: Rafael Pacheco

Alguna vez me gustaron los circos, esos de gran carpa, multicolores, con los infaltables payasos, entre los cuales, casi por requisito, se robaban el show uno o dos talentosos enanos, capaces de hacer reír con sus bromas o ponernos a temblar cuando metidos a trapecistas o domadores parecían jugarse el pellejo.

Qué sería del circo sin ellos. El otro día pensaba en eso por la Liga y la gestión de Fernando Ocampo, casi una ilustración del chiste del hombre tan salado, tan salado, que compró un circo y le crecieron los enanos.

Ha intentado grandes golpes y recogido grandes frustraciones. Todo parece salirle mal: Benito Floro, la partida del técnico Rubén Israel un par de semanas después de su llegada “por un tema de salud”, la pérdida de Orlando Galo a manos de Herediano, el frustrante fichaje de Esteban Alvarado, la racha de lesiones incluyendo a tres laterales y a sus delanteros Marco Ureña, Jonathan Moya y Róger Rojas...

Por supuesto, no son ciertas una cosa ni la otra: ni todo le sale mal, ni cada fallo es atribuible a la mala suerte. Si la falta de fortuna ha jugado en su contra -a veces lo doy por un hecho-, también la inexperiencia.

No sobran en nuestro fútbol dirigentes como Fernando Ocampo, preparado académicamente, de reconocida labor en negociaciones internacionales, conocedor del derecho internacional, de esos que han destacado por su capacidad y liderazgo desde los años de colegio, además de ferviente liguista y dedicado por completo a la causa manuda. ¿Y todo eso de qué le sirve en Alajuelense?, se preguntará usted.

En un fútbol apenas profesional no sobran aquellos con visión empresarial como el complemento perfecto para tanto exjugador en puestos determinantes. Uno tiene lo que a los otros les falta (y viceversa). Algo ha fallado en ese intercambio, claro está.

En contraparte, si el seguidor alajuelense sigue yendo al estadio, si el 40% de los asistentes son socios, si el cuadro manudo ha ido saldando deudas y sumando refuerzos como los hondureños, algún mérito tendrá ese del que decimos ‘todo le sale mal’, si bien los aficionados solo piden, quieren y esperan títulos. Bienvenido al fútbol.

La Liga va aprendiendo a punta de golpes. La calidad de los fichajes, por ejemplo, ascendió (no podía ser peor, dirá usted) desde los doce contratados para el equipo de Benito Floro (hoy ninguno está en el plantel). Quizás dos o tres se habrían salvado en un equipo como el actual, pero no estaban para echarse encima las necesidades y urgencias de Alajuelense. Tampoco los jóvenes, que aquel momento podían ser promesas, mas no realidades.

Debutar no parecía sencillo, así para el jugador como para el dirigente. Si a Fernando Ocampo y su equipo les hubiese tocado una época de bonanzas, poco se notarían algunos errores, pero en las urgencias de la Liga todo fallo sale caro.

Esa claúsula, por ejemplo, inecesaria, desperdicio de tinta y papel, que al parecer pretendía darle a Esteban Alvarado lo que la confianza en sí mismo no le aporta al guardameta. A sabiendas de que no se promete lo incomprometible, el contrato fue adobado con un párrafo enorme que no garantiza la titularidad, la deja a expensas del rendimiento en sana competencia y ofrece “los mejores esfuerzos” -de ambas partes- para que suceda.

Si en materia legal parece una cláusula inofensiva, aunque sea por ambigua, en imagen el daño no deja dudas.

Apuesto lo que sea a que Ocampo y compañeros jamás repetirán el error. Cuando tenían a todos los enanos midiendo 1,80 metros, al gigante que contrataron, alguna vez guante de oro de un mundial juvenil, siempre promesa para Selección, legionario europeo por nueve temporadas, le faltó algo (ojalá lo recupere) para pelear el puesto en un equipo tico, ante un Patrick Pemberton que no entonces no era el de los paradones de anoche. Le faltó algo para decir ‘yo puedo’, sin pedir “beneficios deportivos”. El circo fichó a un gigante y le salió pequeño.

(Video) Diálogos con el presidente de Alajuelense, Fernando Ocampo