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La familia como esfera educativa

Las relaciones intrafamiliares enseñan a resistir los problemas, a aprender a sufrir con apoyo, con fuerza, con unidad

El diálogo entre la sociología, la antropología, la filosofía y la teoría educativa reconoce una idea compartida acerca de la familia más allá de si es tradicional o contemporánea.

De acuerdo con los expertos, la familia es un ámbito donde cada persona revela su identidad en la relación con sus cercanos, proporciona la experiencia de la diversidad (por sexo, edad, temperamento, etc.) gracias a la convivencia con otras personas.

Es originariamente el lugar donde se aprende a conducir la propia libertad, a ser quien se es y a hacer de la sociedad comunidad. Su misión consiste en el reconocimiento y el crecimiento de sus miembros.

No existen familias perfectas. En ellas observamos educación o ausencia de esta. Escuela de vida, educa con la vida misma. No es una instancia neutra. Cuando las relaciones están fundamentadas en el amor y el respeto, potencia a sus miembros.

La promoción del otro es lo esencial en la actividad educativa. El capital social arranca en la familia, afirma la pedagoga Aurora Bernal. En ella se nace, se crece y la persona se nutre. El hogar suele ser un lugar de bienestar necesario para interactuar en otros espacios sociales. Aprender a conducir la libertad personal es uno de sus objetivos: combinar dependencia con independencia y responsabilidad. Colaborar en la preparación para ganarse la vida y cumplir una función social.

Las relaciones intrafamiliares enseñan a resistir los problemas, a aprender a sufrir con apoyo, con fuerza, con unidad. En ella aprendemos a confiar y a tener certezas, a comprender uno de los más dichosos actos de la libertad: el servicio a los otros.

En la familia se crece con equilibrio, si se tiene la experiencia de ser amado incondicionalmente. Echamos raíces personales, nos identificamos con los nuestros, comprendemos la copertenencia y aceptamos la diversidad de las personas.

Es en su seno donde se aprende la identidad sexual, las maneras diversas de ser, reaccionar, organizar la vida y tratarse; a ser padres, madres, hermanos. Se aprende la equidad y a aceptar y ayudar a la persona discapacitada, a la persona vulnerable.

En su libro «La familia como ámbito educativo», Bernal afirma que el tercer objetivo de la familia es enseñar a hacer de la sociedad comunidad. Constituye una fuente de civilización. La dimensión sociable de las personas se expande como solidaridad.

«La familia se convierte en un ámbito privilegiado de vínculos entre personas y se abre a otras personas generando el altruismo, una cultura de unión desinteresada con los demás», dice la pedagoga.

El impacto de la pandemia, que no ha discriminado a nadie y sus secuelas en la educación han profundizado las disparidades y retrasado a escala mundial el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible, cuya meta era alcanzarlos en el 2030, exige una mayor participación de las familias en la educación.

Una crisis mundial necesita una solución de igual magnitud porque, como se dice, nos jugamos el futuro de la humanidad. Debemos repensar la educación y el protagonismo de las familias en el desarrollo pleno de las personas para la construcción de sociedades más sostenibles, democráticas y justas.

hf@eecr.net

La autora es administradora de negocios.

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