Jorge Umaña Vargas. 5 diciembre

Vivimos en una época en que la globalización acerca a los pueblos. La tecnología hace que el mundo poco a poco acorte sus distancias. Las fronteras geopolíticas, como las conocemos, quedan dibujadas únicamente en globos terráqueos en las escuelas, dando paso a dinámicas modernas que unifican los intereses de una parte mayoritaria de la humanidad: medioambiente, lucha contra el narcotráfico, lucha contra la violencia de género, entre otras.

Es importante entender que el objetivo cardinal del diplomático se traduce, en pocas palabras, en servir a la gente, representar al Estado, defender sus intereses y estar disponible para ayudar

Las fronteras, ahora más que nunca, se han convertido en espacios vivos. Puertos, aeropuertos y límites terrestres son testigos del variopinto mundo lleno de colores, lenguas y costumbres que nos enriquecen. Todo ello es señal inequívoca de la necesidad de entender las dinámicas que se desarrollan entre todos los pobladores del orbe, a través de agrupaciones, que pueden ser países, organismos intergubernamentales, no gubernamentales u otro actor del sistema internacional.

Las interacciones son, además, evidencias que dan pie a sostener que en pleno siglo XXI la diplomacia sigue siendo una profesión necesaria para convivir a partir de las reglas que la comunidad internacional, durante muchos años, ha establecido para asegurar la paz entre todos.

Preparación. El mundo moderno se encamina hacia la especialización. Esa lógica la ha entendido la maestría en Diplomacia de la Universidad de Costa Rica, y ha buscado preparar a sus alumnos en el más moderno manejo de técnicas, instrumentos y conocimientos que les permitan comprender y proponer soluciones a los retos diplomáticos, sin perder de vista las realidades que deben sortear en su diaria labor los representas costarricenses en el extranjero.

En un mundo donde, como se señaló, la diplomacia profesional se torna cada vez más significativa, y en el que la sociedad civil exige los más altos estándares de educación y preparación de sus representantes en el exterior, esta maestría ayuda al país en la formación de esos profesionales.

Es importante entender que el objetivo cardinal del diplomático se traduce, en pocas palabras, en servir a la gente, representar al Estado, defender sus intereses y estar disponible para ayudar en las circunstancias que se requiera, hasta en las más desfavorables que se piensen.

La diplomacia es una carrera hecha para aquellos que disfrutan de las constantes incomodidades de ejercer su profesión, y para ello la maestría es un importante aliado en la preparación de estos profesionales que Costa Rica requiere. Los esfuerzos que ha hecho el país en este campo no son en vano.

El autor es coordinador de la maestría en Diplomacia de la UCR.