Mario Sánchez Arias. 10 julio

El nivel de obesidad ha aumentado escandalosamente. El 60 % de la población sufre sobrepeso y hasta un 30 % tiene obesidad mórbida (la cual produce enfermedad). El 15 % de la población infantil también es obesa.

Nos estamos suicidando exactamente como el alcohólico o el drogadicto, nada más que con comida, y gastamos una enorme cantidad de recursos en salud por no prevenir el problema.

Si un trabajador almuerza un pedazo de pan con una gaseosa, no hay nadie que le ofrezca algo diferente, lo que interesa es que trabaje. Cuando esté gordo e hipertenso, lo sustituyen por otro más joven y parte sin novedad.

La obesidad se produce porque se ingieren más calorías de las que se gastan, y eso lleva a la diabetes, a la hipertensión arterial, a la enfermedad cardíaca, a la alteración de nuestro colesterol, al cáncer en varios órganos, al hígado graso, y este a la cirrosis y esta al cáncer de hígado que puede obligar, y ya ha habido casos en Costa Rica, a un trasplante de ese órgano. El sobrepeso destruye la columna vertebral y daña terriblemente las rodillas.

Es incomprensible que la educación de los niños y jóvenes no sea lo suficientemente contundente para que aprendan desde temprano a comer bien.

Fue terrible enterarnos del escándalo que se armó cuando el MEP quiso cambiar la alimentación que sirven en los comedores por comida sana. Es trágico que en las escuelas y en los colegios a los niños les den una lección perdida de Educación Física a la semana y que cuenten, en muchos casos, con la complicidad de los padres para disculpar a los alumnos para que no asistan a su clase de actividad física. Cuando es harto conocido que en todas las edades debemos hacer actividad física, no importa la discapacidad o enfermedad que tengamos.

Responsables de la prevención. Es alarmante que el Ministerio de Salud y su departamento de nutrición no trabajen preventivamente al dar los permisos a sodas, restaurantes, cadenas de comidas rápidas, etcétera, y exigirles, sobre todo, a servir porciones balanceadas y calóricamente adecuadas.

Debería ser una obligación que en cada negocio de venta de alimentos haya una foto o un dibujo de lo que es una porción de comida correcta y advierta de que si la persona quiere más, debe pagar más y es bajo su propio riesgo. Debe prohibirse a las cadenas de comidas rápidas ofrecer “combos” agrandados porque es como darle droga o licor a una persona por ¢500 más. Los están matando, y toda la sociedad debe luego pagar el costo de sus enfermedades.

Es ridículo que los negocios de comida compitan por el que más ofrece, el que más sirve, el que más llena. La persona no debe comer para llenarse, sino para nutrirse.

Se queda cortísimo el Seguro Social con las campañas tímidas de prevención; está ausente la acción preventiva del Ministerio de Salud, las escuelas de Nutrición no llegan a traducir todo su saber sobre los alimentos, su contenido, las porciones balanceadas, los gramos, los tiempos, las meriendas , entre otros, a un lenguaje comprensible para la población.

Las escuelas de Medicina no forman a los médicos en la materia, de modo que un profesional sea capaz de educar y formar a sus pacientes. No pasamos de decirles que coman sano, con poca grasa, con poca sal y que eviten mucho los carbohidratos, pero no podemos llevar a la población un conocimiento práctico que cambie los hábitos que nos están llevando a una obesidad altísima.

Falta de espacio. En los municipios, la seguridad ciudadana es muy pobre, los parques han sido copados por delincuentes y drogadictos quienes impiden a los niños y jóvenes salir libremente a hacer ejercicio. A los parques no se les da mantenimiento, los aros de básquet están destruidos y los campos verdes son escasos o están descuidados. No existe un plan permanente para mantener áreas de ejercicio físico en buen estado en nuestras comunidades; son solo parches de algún concejo municipal y luego se pierde.

En las instituciones públicas y privadas, interesa que el empleado produzca, pero no se brindan espacios, tiempos, equipos o gimnasios para que la gente se ejercite. No importa qué come la gente y dónde adquiere sus alimentos; si un trabajador de una construcción almuerza un pedazo de pan con una gaseosa, no hay nadie que le ofrezca algo diferente, lo que interesa es que trabaje. Si un empleado público se come un casado, es decir, arroz, frijoles, fideos, plátano maduro, carne y ensalada de caracolitos en un plato que rebosa, a nadie le preocupa, cuando está gordo e hipertenso lo sustituyen por otro más joven y parte sin novedad.

Hay que comer racionalmente, hay que aprender a cocinar bien, a comer correctamente, balanceado, no llenarse, hacer ejercicio siempre. No haga caso a los anuncios de comida, no se deje convencer por las “ofertas”. De lo contrario, acorta su vida, enfermará tempranamente y pondrá a correr a sus familiares por todos los descuidos de años pasados.

Cambiemos de mentalidad ya. Haga un plan de vida nuevo. Usted lo va a agradecer y tal vez el espejo refleje una figura más agradable también.

El autor es médico.