
Durante la llamada Crisis de los Misiles de Cuba, John F. Kennedy evitó una respuesta militar inmediata contra la Unión Soviética. En lugar de actuar impulsivamente, optó por un bloqueo naval y negociaciones discretas con Nikita Khrushchev. La prudencia diplomática ayudó a evitar una guerra nuclear y demostró que, en momentos de tensión, la serenidad puede salvar al mundo.
Konrad Adenauer, canciller alemán, afirmaba que “en política, la prudencia no es debilidad; es la capacidad de actuar en el momento justo y evitar decisiones impulsivas que puedan dañar a una nación”. Después de la Segunda Guerra Mundial, comprendió que Alemania necesitaba diálogo y visión de largo plazo.
En la biografía de Nelson Mandela, expresidente de Sudáfrica y Premio Nobel de la Paz, Sudáfrica se destaca que escuchaba mucho antes de decidir. Esa actitud permitió construir reconciliación nacional en una sociedad dividida. Mandela siempre agradeció a Costa Rica su apoyo contra la segregación racial.
También Winston Churchill entendió que el coraje debía ir acompañado de prudencia. La valentía sin reflexión puede convertirse en temeridad. El resultado de una prudencia con paciencia da como resultado la paz entre las naciones.
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José Joaquín Chaverri Sievert es diplomático y periodista.