
Empecemos por decir que la culpa es mía. Por oficio y por gusto, pese al mejor de mis instintos, paso conectado más horas de las que tiene el día, y como lector omnívoro, consumo hasta lo que me indigesta. Un problema con estos hábitos es que lo que debería sorprenderme no lo hace porque alguna madrugada de insomnio ya lo habré leído en alguna pestaña de Wikipedia o en un tuit-bala perdida. Eso me pasó con los therians.
El último grito de la histeria cultural lo podría haber convencido, a una semana de bulla, de que docenas de jóvenes costarricenses merodean los parques de su comunidad pavoneándose como perros. Si ha visto uno, le ruego que me envíe la foto, pues hasta ahora cuento con los mismos detalles que el común de la gente: fotos y videos de algún rincón de Argentina o Uruguay, donde presuntamente civiles de cuatro patas causan estragos en tiendas y calles.
Raro sería que no lo hubiésemos notado todavía en la avenida 10 o en el mall, pero el Colegio de Profesionales en Medicina Veterinaria detectó suficiente alarma como para enviar un comunicado aclarando “las limitaciones éticas y profesionales ante una posible exigencia por parte de identidades ‘therian’ de servicios médico-veterinarios”.
Tan grave es el asunto, al parecer, que así como uno de los videos argentinos fue creado con herramientas de inteligencia artificial y disparó el alboroto, en Costa Rica bastaron afiches confeccionados con la cutre estética de la IA apresurada para que tres municipios, Santa Ana, Pérez Zeledón y Limón, corrieran a censurarlos. No, no hay autorización para supuestos “eventos masivos” de therians en sus parques, dicen.
Pero aquí es donde encontramos problemas que exceden la polémica cultural del mes. Por un lado, la forma en la que reaccionamos en los medios, y al parecer, en nuestros gobiernos municipales y colegios profesionales, denota un fracaso del pensamiento crítico. Por el otro, una profunda falta de imaginación en un momento cuando todas las libertades parecen arrinconadas por la monocultura de las plataformas digitales.
Hablo del colapso de la mirada crítica porque es difícil creer que nadie se cuestionara la magnitud del supuesto fenómeno. ¿Hay therians en Costa Rica? Seguramente, para todo hay gente, y por dicha. Son interminables tanto las formas de entender la identidad propia como la diversidad de usos del tiempo libre. ¿Pero es algo que implique preocupación para veterinarios o policías municipales? ¿Hay hordas de jóvenes escalando los árboles del parque Francia, bête noire del conservadurismo imperante en Costa Rica?
Si no las hay, dedicarles tanta energía a supuestos cumple a cabalidad el propósito original de esta controversia en Argentina: distraer. El gobierno de Javier Milei impulsa una reforma laboral muy polémica; sus recurrentes exabruptos molestan a parte de la población; el costo de la vida no baja para la mayoría. De pronto, todos los medios y redes sociales argentinos aparecieron repletos de therians. Por eso me echaba la culpa, porque al pasar hiperconectado, seguí el psicodrama desde el inicio.
Lo peor, por otra parte, es que estas reacciones minan uno de los valores más preciados de toda sociedad libre: la imaginación. La libertad de vivir como uno desea, siempre en respeto a los derechos del otro. Una sociedad tolerante no corre a censurar lo desconocido; las más de las veces, la ignorancia se enreda en sus mecates. Vivimos, después de todo, en el país que quiso “prohibir” la entrada de lesbianas y feministas pocos años atrás, y que luego descubrió que viven en cada cuadra de cada barrio desde antaño.
El pánico moral contamina todo. En menos de tres días habíamos pasado de la feliz ignorancia de los therians, o de compartir memes, a que una psicóloga dijera en televisión nacional que presentaban rasgos de “autismo”. Así, con el subterfugio del joven-que-se-cree-perro, terminamos estigmatizando de nuevo. Por supuesto, también ha servido para revivir el viejo truco de conectar el “desprecio” o “temor” por los therians con ataques a las personas trans.
A decir del medio propagandístico La Derecha Diario: “Usuarios de redes sociales advirtieron que los libros de texto comunistas del narcogobierno incentivan a los niños a identificarse como therians, los desquiciados ‘trans-animal’ de moda en el progresismo". ¿Uno puede leer eso críticamente y encontrarlo sólido? ¿Se puede creer que de la nada saltó a los libros de texto después de un fin de semana de viralidad?
En Costa Rica, cada persona debería recordar que tiene derecho a vivir su vida y su imaginación en libertad. Si ello lo lleva a congregarse en público, siempre que atienda las regulaciones locales correspondientes, pues mejor para todos. ¿No vamos al parque a ver pasar gente y disfrutar del paisaje urbano y humano? ¿Y el derecho de reunión?
Tengamos cuidado en abrir espacio a pánicos morales que, por la puerta del patio, dejen entrar a las verdaderas bestias humanas: aquellas ceñidas en despojarnos de nuestra libertad, nuestra diversidad y nuestra complicada, graciosa y bella humanidad.
fernando.chaves@nacion.com
Fernando Chaves es editor de la Revista Dominical de ‘La Nación’.
