Eduardo Ulibarri. 10 enero

Costa Rica ha entrado de nuevo al más alto rango democrático global. En el índice de democracia que acaba de divulgar la Unidad de Inteligencia de la sólida y prestigiosa revista británica The Economist, correspondiente al 2018, subimos de la categoría “democracia imperfecta” a la de “democracia plena”, que dejamos hace tres años. En América, solo Canadá y Uruguay tienen ese rango, y apenas 20 países lo comparten en el mundo; entre ellos, a la cabeza de la lista, Noruega, Islandia, Suecia, Nueva Zelanda y Dinamarca. Ni siquiera Japón, Estados Unidos, Francia, Chile y Bélgica integran el grupo, lo cual no quiere decir que estén mal, sino que su desempeño es menor.

Sin duda, nuestra democracia goza de buena salud, pero necesita un Gobierno más robusto y eficaz, y mejores canales de acción y representación ciudadana

Es como si, en materia financiera, una calificadora de riesgo nos elevara de AA+, un rango de por sí bueno, hasta AAA, el mejor posible. Esta excelente noticia debería ayudarnos a poner en su justa perspectiva la solidez de nuestro sistema político, a menudo criticado, pero sin olvidar sus debilidades y las tareas que nos imponen.

El índice toma en cuenta cinco categorías: proceso electoral y pluralismo, libertades civiles, funcionamiento del gobierno, participación política y cultura política. Cada una de ellas se descompone en varios indicadores y del promedio emerge el resultado. El máximo es 10. Para ser calificado como “democracia plena”, un país debe sumar más de 8. Este año, Costa Rica obtuvo 8,07 puntos (Noruega alcanzó 9,87); el pasado, 7,88, y la mayor nota que hemos alcanzado en los 11 años del estudio ha sido 8,10, en el 2011 y 2012. No sorprende que la categoría con peor promedio fuera participación política (6,67), seguida por el desempeño del gobierno y la cultura política, cada una con 7,50. En cambio, en proceso electoral y pluralismo alcanzamos un impresionante 9,58, y en libertades civiles, 9,12.

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El corcho se hundió

Sin duda, nuestra democracia goza de buena salud, pero necesita un Gobierno más robusto y eficaz, y mejores canales de acción y representación ciudadana. Son componentes clave para convertir en beneficios más tangibles nuestro sólido entramado de libertades y derechos: solo su conjunción nos permitirá disfrutar de un régimen democrático aún más pleno. Reconozcamos que ya es envidiable, pero no cejemos en la tarea de perfeccionarlo y protegerlo.

Twitter: @eduardoulibarr1

Eduardo Ulibarri es periodista, profesor universitario y diplomático. Consultor en análisis sociopolítico y estrategias de comunicación. Exembajador de Costa Rica ante las Naciones Unidas (2010-2014).