Columnistas

Página quince: Contra la adopción intrauterina

El proyecto de ley de Otto Roberto Vargas protege a las mujeres que desean abortar o no quieren dejarse al niño

Leí con estupor la intención del legislador y buen amigo Otto Roberto Vargas de permitir la adopción de niños antes de su nacimiento, si las madres no quieren o no pueden criarlos (expediente 21299).

Esos supuestos devienen en hechos futuros e inciertos. Hoy, una madre no desea serlo y, en el momento del parto, sí. Hoy, una madre puede creer que no puede criar a sus hijos, y mañana, cuando los ve nacer, sí.

Tampoco puedo estar de acuerdo en ignorar a los niños por nacer. El texto protege a mujeres que desean abortar o no quieren dejarse al niño.

Hace años propongo que el Estado atienda emocional y psicológicamente a esas madres para que no aborten, y den el niño en adopción una vez nacido. No antes, llenas de sentimientos de culpa, preocupación y angustia.

Costa Rica no puede seguir maltratando a la familia. El Estado debe protegerla de acuerdo con la Constitución. Se requieren otras reformas legales y no “inventos” de esta naturaleza contra las criaturas más desprotegidas del planeta: los niños.

Trámite judicial. El artículo 31 del Código Civil señala: “La existencia de la persona física principia al nacer viva y se reputa nacida para todo lo que la favorezca desde 300 días antes de su nacimiento”.

¿En qué favorece a un niño empezar todo un trámite judicial de adopción en gestación, cuando su madre podría arrepentirse de “regalarlo” como si no tuviera derechos?

Miles de mujeres decididas a abortar o a regalar a su hijo, cuando lo ven salir de su vientre y sienten su respiración, cambian de parecer y lo conservan como el tesoro más preciado.

No es cierto que el proyecto esté “orientado” a proteger a los niños nacidos de mujeres en algún momento confundidas sobre la posibilidad de abortar o dar a su hijo en adopción.

El proceso de adopción nace con el derecho romano y siempre tuvo como fundamento dar a niños sin hogar, sin sus padres biológicos, una familia donde crecer. Siempre se tomó en cuenta el interés superior de los menores. En este proyecto, el niño es el último bien por proteger.

Modelo europeo. Según los impulsores, el proyecto fue redactado tras largos 10 años de investigación, de leyes nacionales y jurisprudencia europea, como si la familia del Viejo Continente fuera similar a la costarricense.

Lo necesario es modificar leyes del Patronato Nacional de la Infancia (PANI) y el Poder Judicial para acelerar la adopción de menores.

“Lo que nos ahorramos (siempre pensando en la comodidad del adulto)… es todo el tiempo que el niño estaría esperando que su situación jurídica sea la correcta, el criterio de adoptabilidad, porque lo empezamos a tramitar desde antes de que nazca”, es la razón que inventa el proyecto. Al parecer, no importan los derechos del niño a nacer vivo y permanecer con su familia consanguínea.

El PANI tarda dos, tres, cuatro o cinco años para finalizar un trámite de dos meses, según la ley, para rendir un informe de adoptabilidad, y luego un mes para ubicar el niño en un hogar adoptivo.

Los juzgados, igual. La literatura y doctrina señalan que no debe durarse más de seis meses en dar a un niño en adopción. La cuestión no es adelantar intrauterinamente una adopción, sino hacer cumplir la ley.

El artículo 51 de la Constitución señala: “La familia, como elemento natural y fundamento de la sociedad, tiene derecho a la protección especial del Estado”. No se protege cuando se quiere separar al niño de la madre y familia consanguínea antes de nacer.

Otro camino. Otto y otros diputados decididos a ayudar a la familia deben promover modificaciones a la ley del PANI y de los juzgados de familia, responsables de los atrasos en los trámites de adopción nacional.

Los niños se hacen grandes en guarderías esperando la resolución de su situación jurídica. El PANI se atreve a dar niños en depósito, con fines de adopción, advirtiendo que esta podría no darse si aparece algún recurso familiar.

Hace años vengo justificando la transformación del PANI en un Ministerio de la Familia, sin gastar un cinco. Sin más personal, sin más burocracia. Solo redefiniendo funciones de los mandos medios, que son los que gobiernan. Los presidentes ejecutivos, el montón de gerentes y asesores solo están de paso.

No se trata, entonces, de promover la adopción intrauterina, sino de modificar procedimientos ya existentes para acelerar los procesos.

El proyecto protege a las mujeres embarazadas que por cualquier razón no desean que se sepa, o cuyo embarazo no es deseado, o para encubrir una paternidad que no se desea hacer pública. Por eso, la propuesta de “ganar tiempo” mediante la adopción intrauterina es una falacia.

El alumbramiento anónimo es una proposición contraria a toda doctrina de derecho de familia, porque niega la maternidad natural.

Al niño se le trata como simple objeto. El Estado no puede ser cómplice de esta agresión a los derechos de los niños. El derecho “natural” más sagrado de una mujer es el de ser madre, y ser registrada como tal. ¿Por qué esconder ese acto sublime? No permitan, diputados, esta abominación del derecho de familia.

El proyecto permitiría a la madre esconder su embarazo como si en su vientre guardara algo ilícito. Puede ocultar el parto y hasta los 40 días siguientes al nacimiento de su hijo aún tiene ese “derecho”.

Abandono disfrazado. Según los impulsores, el proyecto evitará “el abandono de niños en terrenos baldíos cuando una mujer no quiere que se sepa que está embarazada, y en su desesperación, lo abandona, y en algunos casos lo mata”.

Es decir, el Estado se vuelve cómplice y disfraza el abandono de los niños recién nacidos y ahora “por nacer”. El proyecto niega a un hijo por nacer y también al nacido saber quién es su madre. Se pretende hacer desaparecer toda evidencia del embarazo y alumbramiento. Es abominable.

Lo justifican diciendo: “Tanto así que ni siquiera figura en el acta de nacimiento de su hijo y el hospital tampoco tiene posibilidad de revelar los datos del nacimiento”. La idea nació del “análisis” de una ley francesa que permite el alumbramiento anónimo. Pero Costa Rica tiene otra cultura y otra idiosincrasia.

A fin de cuentas, toda esta corriente pretende eliminar al hijo por nacer como persona. No es nadie. No se piensa en él, solo en la madre embarazada, a quien no se le da oportunidad de parir, besar y abrazar a su bebé, para luego decidir si lo da en adopción.

La adopción es uno de los actos más bellos creados por Dios y por el hombre, una vez nacido el niño. No abran puertas para locuras.

El autor es abogado.

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