Lucía Astorga. 19 junio
A las fachadas del templo parroquial herediano se les aplicará una pintura especial hecha con cal en tono gris claro, que luego le devolverá su conocida pátina de antigüedad. Foto: Centro de Patrimonio
A las fachadas del templo parroquial herediano se les aplicará una pintura especial hecha con cal en tono gris claro, que luego le devolverá su conocida pátina de antigüedad. Foto: Centro de Patrimonio

El paisaje urbano de Heredia se engalana con dos de sus más ilustres ocupantes: la parroquia Inmaculada Concepción y la antigua estación del ferrocarril.

Las obras de restauración que durante meses se realizaron en ambas edificaciones, llegaron a su fin, según dio conocer el Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural (CICPC) del Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ).

Durante un año el templo católico pasó por una intervención estructural que logró consolidar sus paredes laterales, torres, cerchas y contrafuertes. Durante este proceso nunca dejó de recibir feligreses.

Simultáneamente, la estación del ferrocarril –con sus puertas cerradas y en franco deterioro-, cercó hace diez meses su perímetro para iniciar un proceso transformador, encaminado a recobrar su uso original y ofrecer mayor comodidad a sus miles de usuarios.

Nuevos cimientos
Parte del reforzamiento estructural efectuado al templo, incluyó a los contrafuertes de la edificación; el sistema de desagüe también fue rediseñado. Foto: Centro de Patrimonio
Parte del reforzamiento estructural efectuado al templo, incluyó a los contrafuertes de la edificación; el sistema de desagüe también fue rediseñado. Foto: Centro de Patrimonio

Una intervención de ¢450 millones permitió dotar a la parroquia herediana de un nuevo sistema pluvial y aún más importante, garantizar que su estructura se pueda mantener de pie por muchos años más.

“Toda la estructura fue reforzada, la cimentación era inexistente, por lo que se le hicieron cimientos a todo el perímetro y se reforzaron los contrafuertes de los costados del templo.

“Adicionalmente, se reforzaron las vigas y cerchas sujetando todo el edificio para que en un sismo actúe como un único bloque y no cada elemento por separado, que era lo que estaba pasando”, explicó Verónica Solórzano, arquitecta del Centro de Patrimonio Cultural.

Aún queda pendiente la pintura de las fachadas, la cual es especial para edificios patrimoniales. Está hecha a base de cal, “que se solicitó en color gris claro con el fin de acercarse al aspecto que la iglesia tuvo”, señaló un comunicado de prensa.

“La elección del tono fue pensando en la memoria colectiva de los heredianos, con la intención de que en unos meses ya va a tener la pátina que le da el musgo, que es como la visualizan”, declaró la experta.

El interior del templo ya fue pintado, excepto unas áreas en la pared norte donde quedan ‘testigos’, que muestran al público, entre varias capas de pintura, algunos decorados desdibujados. Estos espacios tendrán a un lado un texto informativo en español e inglés.

También queda a la espera que se realice la restauración arquitectónica. Esta última etapa incluye la recuperación de los decorados de los cielos rasos descubiertos en la presente intervención, decapar pintura y restaurar columnas, zócalos, altar mayor, el coro y reforzar las escaleras.

Encaminado
Las paredes de la estación del ferrocarril son de bahareque forrado en madera, técnicas constructivas en desuso que la restauración puso de nuevo en valor. Varios testigos permitirán apreciar las entrañas del edificio. Foto: Centro de Patrimonio
Las paredes de la estación del ferrocarril son de bahareque forrado en madera, técnicas constructivas en desuso que la restauración puso de nuevo en valor. Varios testigos permitirán apreciar las entrañas del edificio. Foto: Centro de Patrimonio

A unos 400 metros de la parroquia se encuentra la estación del tren, un sencillo edificio de bahareque y madera que data de finales del siglo XIX; una de las primeras estaciones que fueron construidas en el país.

La vieja estructura, propiedad del Instituto Costarricense de Ferrocarriles (Incofer), fue rescatada del olvido por medio de una inversión de ¢350 millones, proveniente de la Municipalidad de Heredia.

Se espera que sea reinaugurada a inicios de julio. También formar parte de este proyecto el Instituto Tecnológico de Costa Rica (Tec), el Ministerio de Salud y el Centro de Patrimonio Cultural.

"Dejamos ‘testigos’ en varias paredes del edificio, porque, al contar con un acabado final liso, no se podría ver cuál es el material original, sin embargo, ahí está la evidencia tanto de la madera, como del bahareque”.

El trabajo efectuado permitió regresar al edificio la cantidad de espacios original, se quitaron los elementos exógenos como las cortinas metálicas y extractores de grasa que generaron mucho daño en los cielos rasos.

En el caso de las puertas y ventanas que habían sido clausuradas, se volvieron a recuperar los buques donde estaban y se puso una puerta más sencilla, de manera que se vea que son nuevas, pero también se recuperaron algunas puertas originales del edificio.

Se están adecuando servicios sanitarios de acuerdo con la normativa actual, "pero hay una compatibilidad de materiales y una armonía en el diseño, de manera que cualquier persona identifique que esto no es original del edificio, pero tampoco es discordante con el resto. Es una intervención bien lograda”, aseguró Solórzano.

La estación contaba con pisos originales de madera, no obstante, estaban en tan mal estado que no fue posible recuperarlos.

Se realizó un reforzamiento estructural en pisos, cimientos y cerchas, el cual fue todo un reto porque se logró hacer con madera, sin ninguna estructura exógena al edificio.

La estación del ferrocarril, que durante tanto tiempo estuvo cerrada al público, tendrá su boletería y los demás espacios serán alquilados para locales comerciales, como una cafetería donde solo se vendan y consuman alimentos; una agencia bancaria o una tienda de conveniencia, entre otros cuyo uso sea acorde con la conservación.

Además, cuenta con un estacionamiento de bicicletas.