
Larissa Cassiano, ginecóloga y obstetra de 37 años, decidió en 2019 que quería ser madre. Sabía que el proceso sería complejo. Imaginó que intentaría durante cinco años. En 2025 logró cargar en brazos a su hija tras cirugías, tratamientos y un embarazo de alto riesgo.
La médica, residente en São Paulo de Brasil, acompañaba embarazos a diario en el consultorio. Esa experiencia intensificó su propio deseo. Según relató, el proceso fue difícil. Sentía que su cuerpo fallaba ante sus planes. También enfrentó culpa por no lograr el embarazo.
Durante cinco años atravesó cirugías por miomas, tratamientos hormonales y tres ciclos de fertilización in vitro (FIV). En ese periodo tuvo una gestación que no evolucionó.
Diagnósticos y tratamientos que marcaron el proceso
Entre 2019 y 2024 se sometió a varias intervenciones para retirar miomas. Asistía a consultas frecuentes. Realizaba exámenes constantes. Ajustaba tratamientos hormonales. Mantenía vigilancia estricta de cada síntoma.
En controles médicos recibió el diagnóstico de trombofilia, condición que altera la coagulación y aumenta riesgos en el embarazo. También padecía endometriosis. Descubrió que tenía un solo ovario. Además presentó una alteración inmunológica poco común que requería monitoreo permanente para evitar rechazo gestacional.
Tras la tercera cirugía por miomas manifestó agotamiento físico y emocional. Cuestionó cuánto tiempo más podría continuar con ese ritmo.
Indicó que deseaba vivir la maternidad que observaba todos los días en consulta. Explicó que para ella gestar siempre representó un desafío personal.
El embarazo que convirtió el sueño en realidad
En el tercer intento de FIV inició tratamiento para la obesidad. Redujo 10% de su peso corporal. En junio de 2024 obtuvo una prueba positiva.
El embarazo se clasificó como de alto riesgo. Existía posibilidad de parto prematuro. Se sometió a una cirugía de cerclaje. Manifestó temor ante una posible pérdida gestacional.
La bebé nació en marzo de 2025. Recibió el nombre Amélie, palabra francesa que significa trabajadora. La madre explicó que el nombre simboliza disciplina y esfuerzo.
La obstetra afirmó que ser madre superó cualquier otro logro personal. Señaló que solo quien enfrenta resultados negativos en pruebas de embarazo comprende el impacto emocional del proceso.
La historia refleja un recorrido médico y emocional marcado por diagnósticos complejos, tratamientos especializados y persistencia durante cinco años.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
