
La navegante y arquitecta naval Tamara Klink narró en su nuevo libro Bom dia, inverno (Buenos días, invierno) cómo enfrentó uno de los mayores desafíos de su vida: pasar el invierno ártico en un velero atrapado en el mar congelado de Groenlandia sin contacto humano durante cuatro meses.
La expedición ocurrió entre 2023 y 2024 a bordo del velero Sardinha 2. El recorrido se extendió durante ocho meses. En ese periodo, Tamara pasó tres meses sin ver el Sol y se convirtió en la primera mujer en realizar una invernada ártica completamente sola.
La navegante, de 29 años, explicó que la experiencia transformó su relación con la soledad. Según contó, después del viaje sus vínculos personales dejaron de estar motivados por el miedo a quedarse sola y pasaron a construirse desde el deseo genuino de compartir con otras personas.
En el libro, Tamara dirigió un mensaje especialmente a las mujeres. Indicó que experimentar la soledad elegida puede convertirse en una forma de amor propio. También cuestionó la idea de asociar la soledad con castigo o abandono.
Durante la travesía convivió con una planta de hierbabuena que resistió temperaturas de hasta -36 °C y con varias zorros que rodeaban el barco. Su rutina se mantuvo con recursos limitados.
La navegante recolectaba agua en baldes y recipientes vacíos distribuidos en la cubierta del velero. Luego utilizaba esa agua para asearse en una pequeña pila. Su alimentación incluía galletas de arroz, zanahorias y fideos instantáneos crudos.
El sistema de comunicación apenas le permitía consultar el pronóstico del tiempo, recibir correos electrónicos con archivos pequeños y realizar llamadas inestables. La electricidad dependía del viento. Por esa razón, escuchaba música de manera limitada en la computadora.
Tamara también reflexionó sobre la productividad y la resiliencia. Señaló que la obsesión por producir más en menos tiempo vuelve a las personas más vulnerables frente a pequeñas inestabilidades. Además, cuestionó la necesidad constante de buscar novedades.
La historia de la expedición tuvo un fuerte vínculo familiar. Tamara es hija del reconocido navegante Amyr Klink, quien realizó una invernada en la Antártida en 1989. Desde niña escuchó relatos sobre aventuras en el hielo y comenzó a imaginar una experiencia similar.
La idea tomó fuerza después de que cruzó sola el Atlántico entre Noruega y Brasil en 2020. Luego inició una preparación extensa para enfrentar el hielo del Ártico. Buscó patrocinadores, adaptó el velero y organizó toda la logística necesaria para el viaje.
El libro también aborda situaciones de acoso que sufrió por parte de un preparador técnico antes de partir. Tamara afirmó que muchas de las dificultades previas al viaje estuvieron relacionadas con su condición de mujer y no con los riesgos del mar.
Tras completar la invernada, la navegante recorrió la Pasaje del Noroeste, una de las rutas marítimas más complejas del planeta entre Groenlandia y Alaska. Según explicó, logró completar el trayecto gracias al derretimiento de los glaciares provocado por el cambio climático.
Tamara afirmó que en el Ártico los efectos del calentamiento global son más visibles y sensibles. También cuestionó la percepción de la naturaleza como algo distante de la vida humana.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
